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ABRAZOS MORTALES
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Abrazos mortales
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Abrazos mortales
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A raíz de las dudas planteadas por un lector, resumimos a continuación cuáles deben ser las posiciones a adoptar por el partido de cara a las relaciones con otras organizaciones, aparentemente afines.

La intransigencia y el así llamado «sectarismo» propio de los comunistas frente a otras organizaciones aparentemente afines, ha sido y será motivo de inagotables controversias.

El método de trabajo del partido no excluye a priori la polémica y la crítica política de cara a las organizaciones que se reclaman al marxismo. Cada una de las publicaciones del partido y todos los textos de nuestra corriente son una denuncia permanente del fenómeno oportunista aunque no se haga una mención expresa a determinadas siglas. Tampoco excluimos a priori que en determinadas circunstancias la crítica o la denuncia sí vaya acompañada de nombres y apellidos.

Pero lo que si está excluido para nosotros es la polémica por la polémica, como si se tratase casi de una competición deportiva, para mostrar a los lectores quien de entre tantas organizaciones afines está más «preparado», quien maneja más fuentes de información o quien domina mejor el arte de la retórica. La militancia revolucionaria exige que todas las fuerzas disponibles se apliquen a tareas consideradas útiles para nuestros fines, y por ello está excluido el criticismo entendido como un fin en sí mismo. Consideramos que es perjudicial a la hora de transmitir a la clase obrera la doctrina revolucionaria, la exégesis de textos incoherentes que emanan de organismos sin ninguna relevancia, espurios y efímeros, buscando en ellos el pelo en el huevo o la frase aislada donde muestran su verdadera naturaleza oportunista.

El partido afirma con claridad que no pertenece a ningún «medio revolucionario» ni a ningún «movimiento de la izquierda comunista». Los numerosos grupitos que algunos pretenden afines - verdadera cortina de humo entre el partido y la clase obrera- o bien provienen de concepciones ya derrotadas desde hace tiempo y poco importa la buena o mala fe, o peor aún encuentran su origen y su razón de ser en la deformación de las posiciones del partido, en el rechazo de posiciones ya aceptadas y por tanto en un alejamiento de su organización y de su disciplina. Al igual que sucede con el electromagnetismo donde dos cargas similares pero distintas se repelen cuanto más juntas están, lo mismo puede decirse de todos nuestros tránsfugas, cuyo abandono de nuestras filas puede considerarse irreversible. Resulta una pérdida de tiempo dedicar energías para polemizar con este tipo de fenómenos degenerativos: es lo que nosotros denominamos la «condena al silencio».

Es cierto que la aplicación de este método puede dificultar al lector o al hipotético militante del futuro la diferenciación de las posiciones revolucionarias de las que no lo son. Pero lo cierto es que el oportunismo necesita presentarse siempre con posiciones aparentemente idénticas a las del partido para poder cumplir su papel confusionista y engañar mejor a la clase obrera. Si el partido dedicase sus energías a debatir con estos «parientes» la confusión no haría otra cosa que crecer.

Como bien explican los textos de nuestra corriente, es difícil que la globalidad de las posiciones revolucionarias pueda entenderse con instrumentos exclusivamente racionales, ya que el conocimiento integral del programa está fuera del alcance incluso del más preparado de los militantes individuales, pues dicho conocimiento integral sólo puede ser colectivo y personificado en el órgano partido, el órgano consciente por antonomasia. Por eso en la mayoría de los casos tanto la percepción del fenómeno oportunista, como el reconocimiento del partido no llega de la mano de la comprensión racional o de puro estudio, sino mediante el instinto de clase y observando el desarrollo de la actividad del partido respirando la atmósfera comunista y de batalla, opuesta al carrerismo burgués y al personalismo de líderes y grupitos. Centenares de miles, millones de proletarios elegirán indudablemente la vía revolucionaria sin haber leído ni una línea de Marx, Engels o Lenin, tal y como sucedió en la Rusia de 1917.

La situación de la clase obrera actualmente es bastante peor que la existente en la vigilia de la primera guerra mundial, y el movimiento obrero está completamente ausente de la escena histórica, y no será precisamente a base de hibridaciones políticas como se ionizará la historia. Este proceso se volverá a producir como fruto de las contradicciones del capitalismo y sus efectos sobre millones de seres humanos. Por esto el partido debe preservar su integridad teórica, política y organizativa, ya que el proletariado necesita una doctrina y un partido únicos para llevar a cabo sus finalidades históricas, o sea la sociedad sin clases sociales y sin estado, el comunismo.

Por lo tanto no mantenemos ninguna relación política con el «medio revolucionario». Lo que sí recibimos con cierta frecuencia, sobre todo por parte de organismos tipo CCI, Hilo Rojo y similares, es la invitación para «debatir» las posiciones revolucionarias de cara a la «formación del partido». Un modo más de aumentar los efectivos «revolucionarios» de manera totalmente voluntarista y artificiosa.

Pero los partidos no nacen por la voluntad de los revolucionarios: los momentos marcados por la historia - con diversidad de circunstancias y contextos históricos - han sido 1848, 1864, 1889, 1919 y 1951. Nosotros somos los de la quinta del 51 y no esperamos otra «fundación» ni otra «fecundación», sino sólo las confirmaciones históricas «afilando las armas»; el partido mundial de la revolución futura no se formará mediante un proceso de agregación de elementos heterogéneos, sino por la irradiación de las tesis correctas que por su propia fuerza y por la de nuestra fiel y apasionada propaganda irán retomando cuerpo y músculo.

Si lo que se pretendiese fuese la destrucción de la identidad del partido, tendría sentido aceptar debates, bloques, acuerdos o declaraciones conjuntas. Pero lejos de esto lo que afirmamos es la ya rancia y clásica posición que tanto repatea a los amantes de la democracia en todas sus versiones: quien no está con nosotros está contra nosotros. Nos acusarán, como siempre, de «sectarios» pero quienes lo hagan, solamente demostrarán que la dialéctica revolucionaria constituye para ellos una cima inalcanzable.

Source: «La Izquierda Comunista», Nr. 11, Noviembre 1999

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