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INTENCIONES DE REPARTICIÓN IMPERIALISTA Y COLAPSO ECONÓMICO EN ALBANIA
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Intenciones de repartición imperialista y colapso económico en Albania
La mecha albanesa y el polvorín balcánico
La economía albanesa y su derrumbe
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Intenciones de repartición imperialista y colapso económico en Albania

La mecha albanesa y el polvorín balcánico
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El volcán albanés ha puesto en tensión a todas las grandes potencias. El interés de éstas se debe al hecho de que Albania es un punto tenso en los Balcanes que puede hacer saltar por los aires los precarios y transitorios equilibrios establecidos en los acuerdos de Dayton:
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Cuatro años antes de la implicación de las tropas de la OTAN, Washington ya había comprendido perfectamente que se incubaba un polvorín en la región, enviando soldados y espías a lo largo de la frontera serbo-macedonia y movilizando su propia diplomacia en dirección a Skopje y Tirana» («Internazionale», 21 marzo).
Por tanto, no debe sorprendernos que en el momento de la evacuación hubiera en Albania unos 2.198 americanos, sin contar a los que permanecen en el lugar para proseguir el trabajo de inteligencia y control de la situación. La cifra ha asombrado a los europeos, al ser netamente superior a la que ellos habían estimado, dejando en muy mal lugar el trabajo de sus servicios secretos.

La peligrosidad de Albania se debe a la conjunción de dos debilidades históricas que solo el análisis marxista con sus categorías puede descifrar.

La categoría principal para comprender la historia del área balcánica-danubiana es la de Estado y Nación contrarrevolucionaria. Las Naciones y Estados contrarrevolucionarios fueron objeto de estudio por parte del Partido desde sus comienzos en 1848. Un producto clásico de Nación y Estado contrarrevolucionario fue el Belga, al cual Marx y Engels dedicaron numerosos trabajos. Un Estado de la contrarrevolución no extrae su fuerza y su vitalidad de los pueblos que lo componen, puesto que carece de ellas, sino de los equilibrios impuestos con la fuerza por las potencias hegemónicas contrarrevolucionarias. Él entra en crisis cuando entran en crisis los equilibrios imperialistas contrarrevolucionarios que lo han producido. La ex Yugoslavia y los Estados balcánicos del Danubio precisamente porque son Estados de la contrarrevolución han entrado en disolución cuando los equilibrios establecidos en Yalta se han derrumbado. Ellos preanuncian una época de fluidez en las relaciones entre las grandes potencias mundiales que se mantendrá hasta que el polo opuesto a los Estados Unidos no forme otro polo imperialista dispuesto a recoger el testigo del liderazgo de los Estados capitalistas. Esto implica que los actuales equilibrios logrados en los Balcanes son extremadamente friables y transitorios, porque las actuales relaciones de fuerza entre las grandes potencias están en una fase de veloz evolución, hasta que una nueva guerra no sancione unos nuevos equilibrios contrarrevolucionarios.

Por consiguiente, hay mucho de cierto en las afirmaciones del periodista burgués Cavallari que en el periódico «La Repubblica» del 6 de marzo de 1997 escribía:
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La convulsión albanesa confirma que Europa se halla a la conquista con el mismo «desorden balcánico» que la ensangrentó entre 1910 y 1924 (...) El después de Yalta no ha comportado en este área un retorno a 1945 sino una reapertura de las tensiones presentes en 1919, ligadas a la famosa «cuestión de Oriente» que perturba el mundo desde los Balcanes hasta Basora. La Albania hundida en la guerra civil vuelve a entrar en efecto en el cuadro de una disgregación que dura 70 años. La misma que ha afectado a Checoslovaquia y a Yugoslavia».

Las razones históricas de la impotencia de las nacionalidades balcánico-danubianas son demasiado extensas para ser sintetizadas aquí. Engels estudió durante casi 50 años la cuestión llegando a la conclusión de que, por cuanto se refiere a los pueblos eslavos, solo los polacos, los rusos y quizá los eslavos de Turquía tenían futuro, podían aspirar a desarrollar un papel histórico autónomo.

La historia ha confirmado ampliamente esas previsiones. El único pueblo balcánico-danubiano que ha intentado, fracasando, unir a todos los eslavos del sur en una única nación, encontrando en el elemento alemán el mayor obstáculo, ha sido el pueblo serbio, como reconoció el mismo Lenin:
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La burguesía ha emprendido una campaña de bandidaje contra Serbia, para subyugarla y sofocar la revolución nacional de los eslavos del sur» («La guerra y la Socialdemocracia rusa»).

La primera guerra mundial sanciona el fin de toda acción autónoma de cualquier fracción de los eslavos del sur. La victoria contrarrevolucionaria de Inglaterra lleva a equilibrios imperialistas antialemanes. Los pueblos eslavos del sudeste a los que Engels había negado toda vitalidad histórica alcanzan la dignidad estatal mediante la formación de Estados nacionales antialemanes, ya sea después de la primera o de la segunda guerra mundial, porque así conviene a los imperialismos vencedores, primero al británico, y después al ruso-americano.

El plan americano de acuerdo sobre la Bosnia-Herzegovina, que tiene claros objetivos tanto antirrusos como antialemanes, en vista de la próxima partida imperialista, demuestra su fragilidad precisamente en el hecho de que los alemanes sin mover un dedo y manejando Marcos extienden su propia influencia político-económica aunque no todavía militar hasta Sarajevo, mientras todas las economías de los pequeños estados balcánico-danubianos están ya enganchadas firmemente al área del Marco. Por tanto, históricamente Alemania está a la ofensiva de manera natural e independientemente de la misma acción alemana, que en sustancia es prácticamente nula, porque inteligentemente los alemanes hacen valer la fuerza de los hechos.

La peligrosidad de Albania es el producto de esas dos debilidades históricas. La primera ha llevado a la transformación de los Balcanes en el vientre blando de Europa, zona con alta intensidad sísmica. La segunda se debe a la particularidad albanesa en la relación Nacionalidad-Estado nacional.

Para nosotros los marxistas Nacionalidad y Nación son dos conceptos muy distintos. La primera se refiere a la comunidad de lengua, costumbres, vestimenta, cultura etc.; la segunda se refiere
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a un circuito geográfico dentro del cual el trafico económico es libre, el derecho positivo es común, y en gran medida hay una identidad de raza y lengua por lo que nunca encontramos una Nación sin Estado» («Factores de raza y nación en la teoría marxista»).

La nación albanesa tiene una población de 3.441.000 habitantes, distribuidos sobre una superficie de 28.748 km2, de los cuales el 70% son musulmanes, el 20% ortodoxos, y el 10% católicos. La nacionalidad albanesa es mucho más vasta. Los emigrantes son 600.000, de los cuales 300.000 están en Grecia, y cerca de 150.000 en Italia. Más difícil es calcular los albaneses que se encuentran en la ex-Yugoslavia ya que desde 1981 los albaneses han rechazado someterse a cualquier censo. Según el de 1981 había 1.227.424 albaneses en Kosovo, 72.432 en Serbia propiamente, 37.735 en Montenegro, 377.000 en Macedonia. En 1991 las estimaciones oscilaban entre 2.200.000 y 3 millones («Limes», 1-2/93). La oscilación se debe a la poca autenticidad de los viejos censos y a la tasa de natalidad que está entre las más altas de Europa (en Kosovo en 1987 era del 29,9 por mil, mientras en Macedonia es actualmente tres veces más elevada que entre los 1.600.000 eslavos macedonios).

Por consiguiente, más de la mitad de la Nacionalidad albanesa vive fuera del Estado Nacional, un fenómeno que no es insólito en el área oriental europea. La particularidad albanesa consiste en el hecho de que la mayor parte vive en zonas geográficamente limítrofes a la Nación albanesa, una situación que no se verifica para las otras Nacionalidades balcanico-danubianas, y menos aún para la turca esparcida por todo el área balcánica. Este hecho habría debido favorecer en su tiempo el nacimiento de un Estado albanés mucho más extenso que el actual.
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Si esto no ha ocurrido, se debe a múltiples factores, comenzando por el atraso económico y socio-cultural del área poblada por los albaneses, que ha retardado la exigencia de un vínculo que superase al tribal, mientras griegos, serbios, búlgaros maduraban un sentido de identidad nacional sobre una base étnica y lingüística histórica, premisa para la construcción de sus propios Estados nacionales. Este retraso político-cultural se conjugaba con la particular posición de privilegio de la que disfrutaba esa parte de la población albanesa, es decir la enorme mayoría, que se había adherido al Islam» («Limes»).

Solo entre el final del s.XIX y el comienzo del s.XX, y principalmente en Kosovo, comenzó a madurar entre el circulo de los notables albaneses la exigencia de autonomía en el ámbito del imperio otomano. Si las potencias imperialistas de la época no se hubieran inmiscuido en el asunto, Albania no habría nacido nunca, porque habría sido dividida entre Grecia y Serbia, con ventaja histórica evidentepara los propios albaneses.

La primera guerra balcánica del 1912 vio a los serbios penetrar en Scutari y asomarse sobre el Mediterráneo. Las grandes potencias, en particular Italia y Austria, las cuales veían con malos ojos que los eslavos se asomasen sobre el Adriático con una línea costera demasiado extensa, pretendían que Scutari debiese formar parte de un Estado albanés y que debía por tanto ser evacuada por los montenegrinos que la habían conquistado. El tratado de Londres (30-5-1913) cedía a los aliados balcánicos todos los territorios al oeste de la línea que une Enos con Midia, con excepción de Albania, perjudicando gravemente la realización del sueño austriaco del Drang nach Osten (avance hacia el este), pero bloqueando el acceso de Serbia al Adriático, impidiendo la repartición de Albania entre Estados eslavos al norte y Grecia al sur y proponiendo la creación de una Albania autónoma.
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Que los ambientes diplomáticos italianos y austrohúngaros se planteasen en aquella ocasión el problema de los diferentes niveles de cultura política de los pueblos balcánicos tiene poca importancia; lo cierto es que en tiempo de la guerra balcánica no tenían intención alguna de que Serbia y Grecia tuvieran un limite común sobre el Adriático. Así Grecia pudo incorporarse, en nombre de la historia y de la presencia étnica, la región del Epiro y Ioánnina con todos los albaneses que entonces la habitaban; a Serbia le fue reconocido el derecho de anexionarse Kosovo, poblado mayoritariamente por albaneses, porque era considerado la cuna de la civilización Serbia medieval, y la Macedonia del Vadar, con sus abundantes asentamientos albaneses en occidente, porque fue el centro del imperio medieval Serbio; pero los notables albaneses, deseosos de evitar el abrazo «civilizador» serbo-greco, encontraron la ayuda «desinteresada» italoaustriaca para construir un Estado propio al menos en la región que se asomaba al Adriático desde Scutari hasta la altura de Corfú. Y así fue como la comunidad étnico-lingüística albanesa, ya fragmentada en su interior en organizaciones tribales y además con diferencias lingüísticas entre el área dialectal tosca al sur y ghega al norte, se encontró separada también en entidades políticas distintas en un momento en el que estaba apenas comenzando a madurar una voluntad de pertenencia a una única comunidad de base étnico-lingüística» («Limes»).

Por tanto, Albania no nace como producto de la lucha del pueblo albanés sino por los intereses austro-italianos en función antieslava y antigriega y reúne en sus fronteras a menos de la mitad de la Nacionalidad albanesa.

Serbia intentó un proceso de serbización de los albaneses a imitación del proceso logrado de helenización de los griegos albaneses. Pero sus tentativas fracasaron por la resistencia sostenida por un Estado limítrofe lingüísticamente afín, apoyado bochornosamente por Italia, interesada en un debilitamiento del reino yugoslavo. Italia recoge sus frutos en el año 1939 anexionándose Albania y creando en 1941 la gran Albania, uniéndola a las otras regiones balcánicas con presencia albanesa, beneficiándose de la ofensiva alemana en los Balcanes.

No nos interesa seguir aquí con las particularidades de la evolución de Albania sino poner en evidencia que la formación de la gran Albania étnica, deseada por los italianos, había inspirado los movimientos partisanos antifascistas, ya sea el estalinista de Hoxha, ya sea el nacionalista de Balli y Kombetar, abriendo el camino al nacionalismo albanés, mortal mecha del volcán balcánico.

Y si Hoxha debió agachar la cabeza frente a los seguidores de Tito, los nacionalistas se empeñaron en una sangrienta guerrilla contra el ejército yugoslavo hasta el año 1948.

Si durante el reino de Hoxha Albania demostró escaso interés por las confrontaciones de sus paisanos de Kosovo, Macedonia y Montenegro, después de su caída aumentó considerablemente su ayuda en hombres y medios a los movimientos nacionalistas en fuerte desarrollo en la región. En 1991 reconoció, único país del mundo que lo ha hecho, la independencia declarada unilateralmente por los albaneses de Kosovo, mientras no reconocía la independencia macedonia debido a la falta de aceptación por parte de Skopje de las demandas de la comunidad albanesa. Actualmente los albaneses constituyen una mina errante en la santabárbara balcánica. Ellos han proclamado unilateralmente el 19 de octubre de 1991 la independencia de Kosovo; la autonomía territorial en Serbia meridional (rechazada obviamente por Belgrado); piden la autonomía de Montenegro y Macedonia.

La Albania de Berisha y de Meksin fomenta el nacionalismo albanés y para prevenir ataques serbo-grecos ha estipulado un acuerdo militar con Turquía y se ha hecho miembro de la Conferencia Islámica, después de haber pedido en vano ser acogida por la OTAN. En particular, es Macedonia la que se siente amenazada por Grecia al sur y por Serbia al norte, que no esconden sus intenciones de incorporación, mientras la minoría albanesa mina sus débiles fundamentos estatales.

Grecia está desarrollando un activismo frenético para conquistar la posición de pivote en los Balcanes. Desde el inicio de la insurrección albanesa, que tiene como protagonista de primer plano al componente greco-albanés, aun manteniéndose el gobierno griego neutral, ha hecho su comparsa en el sur de Albania Alexandros Lykouresov, el más grande abogado griego, defensor del general Ratko Mladic, conocido por sus profundos vínculos con los nacionalistas serbios oficiales y en la oposición. El abogado de Atenas viaja al sur de Albania, habla con los jefes de la revuelta y teje su paciente red diplomática al servicio del gobierno de Atenas, el cual ha mandado sucesivamente a encontrarse con el Comite nacional de los insurrectos del sur al secretario de estado para el extranjero, provocando las quejas de Tirana. Al mismo tiempo el ministro de exteriores griego visitaba Belgrado y Skopje, con la que no tenía relaciones oficiales desde 1992.

Grecia ha comenzado a recoger sus primeros éxitos. Ha recibido del gobierno albanés la petición de reconstruir el propio ejército, cosa ciertamente singular visto el acuerdo militar que liga a Albania con el mayor enemigo de Grecia, Turquía. La petición ha sido hecha en un intento desesperado de la dirigencia albanesa de granjearse la simpatía de Grecia que tanta influencia tiene en los enfrentamientos de sus paisanos en el sur de Albania, los cuales desarrollan un papel de primer orden en el movimiento insurreccional. Además Grecia revestirá un papel importante en la fuerza multinacional de protección (FPM)en Albania junto a su enemiga Turquía.

Grecia en sintonía con Serbia busca romper su aislamiento hacia el norte, y la crisis albanesa, si debiese extenderse hacia Kosovo y Macedonia, sería la ocasión propicia para el logro de los objetivos serbo-grecos bloqueados en el lejano 1913 por las potencias italiana y austriaca. De esto tiene perfecta conciencia tanto Macedonia, clásica vasija de barro entre vasijas de hierro, como Turquía, que ha amenazado con una intervención militar junto a Tirana en el caso de una tentativa de subdivisión del país.

Por tanto, están presentes en potencia todos los elementos de una nueva guerra balcánica, y esto explica la prudencia máxima de USA, Alemania, e Inglaterra, que mandan delante a Italia con el clásico «ve delante cretino» precisamente mientras el cretino infla los músculos de silicona y se mueve sobre la arena internacional con la torpeza de la clásica marioneta de la historia.

La economía albanesa y su derrumbe
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Desde el inicio de la apertura de la economía albanesa al capital internacional se han escuchado, especialmente desde la izquierda, criticas severísimas al atraso económico-político de los inversores extranjeros y locales. El término más utilizado era capitalismo salvaje y de rapiña propio del siglo XIX, manchado de sangre y de sudor, obviamente contrapuesto al aséptico capital moderno que se mueve en tiempo real de un continente a otro con la presión de una tecla de ordenador, lejos por tanto miles de millas de los lugares de la producción donde el proletariado mundial paga su tributo creciente de sobretrabajo que nutre en gran parte precisamente a ese capital parasitario y vampiresco que no encuentra conveniente fijarse en el proceso de producción. ¿No ha sido quizá Maximo D'Alema, el primer garante hoy en Italia de la obediencia del proletariado italiano a los dictámenes del capital financiero internacional y nacional, más que el comunista de salón Bertinotti, quien ha apuntando contra el capitalismo salvaje y de rapiña que ha operado en Albania arrojando al caos económico primero y después político de aquel pobre país?¡Demasiado fácil es recordar al duce actual de la llamada izquierda italiana que la actividad de ese capital era notoria para cualquiera y por consiguiente, si no era tonto, también para él y su gobierno, maximo sostenedor de la estructura de poder albanesa al servicio de ese capital, del cual percibía, y es la parte menos importante de la cuestión, amplias porciones!

La tesis, solo aparentemente paradójica, que queremos demostrar, es que el capitalismo implantado en Albania, es, a diferencia del parecer unánime de los expertos económicos y políticos, el más moderno que haya operado sobre el planeta Tierra, consiguiendo el sueño inconfesable del capital de realizar en su totalidad su valorización sin pasar a través de los largos tiempos del proceso de producción y circulación, sustituyendo el proceso D-M-D' por el proceso D-D'.

Sabemos por las estadísticas mundiales que del 5% al 8% del capital circulante sobre la Tierra se fija en el proceso de producción, mientras el 92-95% opera en la economía ficticia, moviéndose por el planeta y nutriéndose del plusvalor de ese 5-8%. Sabemos cómo los economistas y financieros más inteligentes están preocupados por esta separación siempre creciente del capital de la producción efectiva, temiendo que la burbuja especulativa antes o después explote con unos efectos devastadores sobre los equilibrios generales de clase. Muchos de ellos hablan de un misil incontrolable ya lanzado y del cual se espera fatalmente la explosión.

Por cuanto nos atañe, nosotros permanecemos pacientemente a la espera de esta explosión, confiando que ella lanzará al proletariado finalmente expropiado al torbellino de la revolución.

La risita de superioridad del pequeño y medio burgués y de la aristocracia obrera occidental que miran con desprecio a sus homólogos albaneses (más miserables económicamente, pero, al menos en cuanto respecta al proletariado, más combativo política y militarmente, como se ha demostrado) porque han entregado su destino a financieras, de todos modos garantizadas por el Estado albanés que recibía elogios exagerados del FMI y del Banco Mundial, se apagará en el momento en el que «sus» Financieras y «sus» Estados, juzgados fetichísticamente inquebrantables, conozcan su crack despidiendo una potencia de megatones que en comparación con la explosión albanesa, esta última parecerá ser un simple petardo.

Hablábamos de Capital más moderno y con razón. Se ha logrado en Albania realizar el sueño del Capital: casi el cien por cien del capital operante en la economía ficticia. El ciclo D-D' que reemplaza completamente al ciclo D-M-D', dejando casi a cero el fastidioso 5-8 %, con resultados sobre la economía albanesa que fueron juzgados como asombrosos por los organismos financieros internacionales.

Presentamos algunas cifras comenzando por el momento en el que Albania se abre al capital internacional, advirtiendo desde ahora que las Financieras pasaron de ser un hecho marginal a principio de 1992, a convertirse sucesivamente en un fenómeno difundido y patrocinado por la TV, el Gobierno y la Banca central («Sole 24 Ore», 20 marzo).

El PIB cae el 30% en 1991 y el 20% en la primera mitad de 1992, mientras la inflación supera el 200% en 1991 y avanza un 10-15% al mes en los primeros seis meses de 1992.

Desde el verano de 1992, a pocos meses de las elecciones políticas que dan la victoria al Partido democrático de Sali Berisha, Albania inicia un crecimiento que es único en los países del Este de Europa y parece uno de los más altos del mundo.

Aplicando las recetas del FMI el gobierno albanés inicia una serie de reformas, en la dirección de la privatización (del comercio, de la tierra, de la vivienda, de las fabricas), de la casi total liberación de los precios, de una rígida política monetaria, de una congelación de salarios y una drástica reducción de los empleados públicos. Las Financieras, que eran un fenómeno marginal, dan un salto cualitativo. Genc Ruli, miembro del Partido Democrático y Ministro de Finanzas de 1991 a 1994, declaraba al «Sole 24 Ore»:
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de tener una actitud de tolerancia, se pasó a la promoción. La TV y la Prensa oficial hacían una increíble publicidad a estos sistemas de inversión, los financieros comparecían al lado de los ministros presentados como los pioneros del capitalismo albanés. Un delirante crecimiento en el que los albaneses sustituyeron el Estado Fetiche patriarcal que en el comunismo regulaba toda su vida, por las Pirámides que prometían el sueño de riqueza. Las Pirámides eran un timo alimentado en buena parte por negocios ilegales y sostenido por el Estado que con sus super-intereses sobre los depósitos distribuía el dinero».

¿Por qué el proletariado y la pequeña y mediana burguesía albanesa no habrían debido fiarse, visto que las Financieras durante tres años habían pagado puntualmente los intereses?. ¿Y qué otra cosa proponen los sindicatos del régimen y los llamados partidos obreros en Occidente cuando realizan el desmantelamiento de la Sanidad y de la Seguridad Social, destruyendo el fetiche del Estado-Providencia, patrocinando fondos de pensiones y aseguradoras privadas que, como todo el mundo sabe, operan como inversores institucionales en la economía ficticia con resultados como los del fondo de pensiones de los profesores californianos que ya ha reducido a la mitad sus prestaciones tras el derrumbe de México en cuyos títulos del Estado había invertido buena parte de sus fondos?

Los efectos benéficos de la política económica del gobierno Berisha y de la acción de las Financieras son inmediatos: 1993, crecimiento del PIB +19%; 1994, +11%; 1995, +9%; 1996, +8'7%. Inflación: 1992, +37%; 1993, +31%; 1994, +16%; 1995, -1'8% (¡tasa negativa!); 1996, +12'2%.

Pero mientras tanto, ¿cómo va la economía real, la cada vez más despreciada producción industrial?

Fijando en cien la cantidad de producto para la industria en 1993, encontramos a finales de 1995 que la industria del vestido ha descendido al 67'5, la industria agroalimentaria al 26'8, los productos energéticos al 75'2, el trabajo en piel y cuero al 60'7. Solo aumentan la producción del hierro cromado (Albania es el segundo productor del mundo de mineral de cromo), la siderurgia y los aceites bituminosos, donde por otra parte no se han alcanzado todavía los valores productivos de 1989, y donde todavía prevalece la actividad del Estado (actualmente el 75% de la economía albanesa es privada).

El economista burgués que presenta estos datos, totalmente sometido a los esquemas del capital parasitario típico de la fase imperialista, los comenta de esta forma:
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¿Que es lo que ha producido este vistoso crecimiento económico? Los críticos del actual gobierno, y en particular la fuerte oposición expresada por el Partido Socialista, usan el termino de «economía de papel» para señalar el juicio negativo hacia el crecimiento económico albanés. Hay una parte de verdad en esta definición, pero también un viejo modo de juzgar los fenómenos socioeconómicos, un detenerse a caracterizar los sectores productivos según los esquemas de la economía clásica» («Mulino», 6/96).

Dicho esto comienza a presentar otros datos para reconstruir la formación del PIB albanés con los siguientes resultados: la contribución de las remesas de los aproximadamente 500.000 emigrantes se calcula que supone el 25% del PIB; las ayudas internacionales, que han sido las más altas per cápita de los países balcánicos y del Este de Europa, se calcula que han contribuido alrededor del 15%; la economía ilegal, principalmente el contrabando hacia Serbia y Montenegro durante la guerra en la ex-Yugoslavia, se calcula del 10% (nosotros lo aumentaremos al 15%, considerando que los máximos analistas lo valoran en un millón de dólares al día). Finalmente, tenemos la contribución, difícilmente valorable, de la economía directamente delictiva (trafico de clandestinos, contrabando de droga, residuos tóxicos, blanqueo de dinero sucio) administrada por la mafia albanesa y por las organizaciones criminales del sur de Italia. Nuestro economista no nos da datos. A ojo podemos valorar que esta actividad capitalista contribuye con otro 10% del PIB.

En conclusión, todos estos factores explicarían el 65% de la riqueza (nuestro economista la valora en el 50%). El restante 35% proviene de la actividad de las Financieras, las cuales, como todo el mundo sabe, acaparan buena parte del 25% del contrabando y de la actividad delictiva, por lo que no es exagerado afirmar que más del 50% del PIB albanés es el producto en parte de una actividad de intermediación ilegal, en parte de una pura actividad especulativa.

Por tanto, de 1993 a 1995 tenemos una Albania cuya economía real cae verticalmente, pero que equilibra todos los parámetros macroeconómicos dictados por el FMI y se acerca mucho más que otros países europeos a los mismos parámetros de Maastricht, tanto que la moneda nacional, el Lek, llega reforzarse con respecto al Marco mismo.

La burbuja especulativa comienza a recibir los primeros golpes con el fin de la guerra y del embargo en la ex-Yugoslavia, que golpea al primero 15%, que proveía beneficios altísimos y que sumado a los puramente delictivos permitía el pago de altísimos intereses. En el 1996 el proceso se vuelve una espiral vertiginosa que se encamina hacia la catástrofe. Para pagar los intereses se aumentan los intereses mismos como manera para encauzar en el giro especulativo buena parte del capital y del rédito nacional. Cuatro años de remesas de los emigrantes son así quemadas. Campesinos, pastores, comerciantes, y también empresarios venden sus bienes para invertirlos en las Financieras, mientras los notables del Partido democrático y del Estado, a la cabeza del doctor Berisha, además de recaudar las cuotas, saquean los bienes de los albaneses, como se sabe por la actividad del espionaje italiano. Confirmando la modernidad senil del capital operante en Albania, la zona más golpeada ha sido el Sur donde está presente un proletariado y una pequeña y mediana burguesía que dispone de dinero para invertir a diferencia del Norte pobre y montañés que se verá sólo acariciado por el crack. En total 3.000 millones de dólares desaparecidos, el equivalente aproximado de 1 año del PIB albanés, y la proletarización repentina de la pequeña y mediana burguesía del Sur de Albania y de parte del Norte, y la destrucción de cualquier sueño de aristocracia obrera para los 600.000 emigrantes albaneses. Dinero no desaparecido en la nada sino simplemente llevado al extranjero e invertido en actividades en buena parte especulativas, como ocurre ya con la mayor parte del capital operante sobre este planeta.

Es el «Sole 24 Ore» el que propone a Europa confiscar estos capitales, propuesta más audaz que la de los insurrectos, que se limitaba a pedir la congelación de los bienes de los funcionarios del Estado y del Partido:
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Entre las muchas iniciativas que han sido citadas a nadie se le ha ocurrido echar una mano a los albaneses para recuperar los capitales tragados por las Financieras: muchos han acabado en el extranjero, en los acostumbrados lugares de siempre, o bien invertidos en actividades a plena luz del día. Recuperarlos quizá serviría para inyectar un poco de confianza y de «solidaridad europea» en un pueblo empobrecido y desilusionado. No olvidemos que la crisis ha explotado con la caída de las pirámides. Si pensamos que Occidente puede todavía dar a estos Países un aceptable modelo de desarrollo económico, seria el caso esta vez de demostrarlo concretamente» («Sole 24 Ore», 30 marzo).

Propuesta destinada a permanecer en el limbo de las buenas intenciones porque la propiedad del capital es intocable para el capital mismo, y de todos modos, como recuerda el articulista, todas las autoridades constituidas internas y externas en Albania deben estar atentas a sus movimientos porque si
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al Presidente se le señala como el mayor responsable» y también «seguramente es el que más sabe y el que tiene en sus manos el dossier para tener controlados no solamente a los de su clan y a una parte de los opositores, sino también a la comunidad internacional».

¡Todo el mundo capitalista se refleja en la catástrofe albanesa, de la que ciertamente se jacta!

Source: «La Izquierda Comunista», No. 7, Noviembre 1997

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