Las dos caras de la revolucion Cubana
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LAS DOS CARAS DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
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Las dos caras de la revolución Cubana
Socialismos prefabricados
Libertad made in USA
Un basto proletariado y semiproletariado
Los guajiros
El castrismo
El stalin-kruchovismo
¿Pero y mañana?
Source


Las dos caras de la revolución Cubana
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Publicamos este viejo trabajo de 1961 (Reunión general de Roma, 4-5 de Marzo de 1961), donde se ponían los puntos sobre las íes con el enfoque del marxismo integral que nos caracteriza. Con este trabajo, se pueden contrastar los datos económicos, deduciendo que el castrismo desvió a la numerosísima clase proletaria cubana hacia posiciones nacionalistas, cambiando de amo imperialista, el yanqui por el ruso, pero manteniendo el monocultivo agrario del azúcar y el tabaco, junto con la ausencia total de industrialización autóctona, sin modificar la división internacional del trabajo asignada a Cuba. Aunque sea muy duro de aceptar, nuestros adversarios deberán reconocer nuestra coherencia de 1961 con la de 1999.

• • •

Sólo en apariencia los movimientos cubanos, de los que los barbudos han sido y son los protagonistas escenográficos, se entrelazan con los que han sacudido desde los fundamentos el orden tradicional en Africa y Asia.

El elemento común representado por la áspera lucha contra el imperialismo y los grandes monopolios capitalistas oculta el hecho esencial de que, en el caso de los países afroasiáticos, la lucha de independencia nacional y por la constitución de Estados unitarios (por consiguiente dirigida también contra potencias coloniales, o de cualquier modo contra el yugo financiero del capitalismo imperialista) es un aspecto de la más basta lucha contra estructuras tradicionales, feudales o para feudales; mientras en Cuba, y en general - aunque en distinto grado en América Latina - el capitalismo ha sido importado hace varios decenios por los Estados Unidos y otras potencias capitalistas, y la economía interna presenta desde hace tiempo el armazón burgués fundamental, por tanto, también una estructura social que se apoya en un basto y explotadísimo proletariado.

Aquí, el tema principal de la «revolución» anticolonial es el esfuerzo de la joven burguesía indígena por desvincularse del sometimiento al capital financiero extranjero (a cuya sombra sin embargo ha crecido) o, según los casos, de establecer con él relaciones de cooperación en los beneficios de la explotación de los recursos locales, utilizando para este objetivo el empuje de la rebelión de las masas proletarias y semiproletarias, canalizándoles hacia el objetivo nacionalista, disuadiendoles de una posible orientación social-revolucionaria, y haciéndoles de muleta, de apoyo, para el propio reforzamiento de la dirección del Estado. Los movimientos y los regímenes que surgen en este área, y de los que el ejemplo cubano ofrece el ejemplo más «puro», se presentan pues como violentamente nacionalistas hacia el exterior y como reformistas hacia el interior; en el primer sentido tienen una ficción histórica de ruptura de los equilibrios tradicionales imperialistas, que pueden provocar, y de hecho provocan, en los grandes centros de piratería burguesa (y especialmente en los USA), crisis de prestigio y serias dificultades económicas, cuya violenta explosión no pueden dejar estúpidamente indiferentes al proletariado mundial y al partido revolucionario comunista; en el segundo sentido, ejercen una función de freno sobre los contrastes sociales internos, y para el proletariado internacional e indígena no solo se plantea el problema de un apoyo armado a los partidos nacionales en cuanto se trate de «hacer avanzar la rueda de la historia» estructuras precapitalistas residuales abatiendo e impulsando el movimiento sobre el plano de «la revolución doble» sino que se plantea el objetivo de denunciar los objetivos burgueses-reformistas, poniendo sobre el tapete la cuestión de la separación de la clase obrera de los partidos y regímenes interclasistas, y de la lucha proletaria abierta para el asalto al poder.

En el caso especifico de Cuba, el proletariado revolucionario puede valorar positivamente los golpes específicos infligidos tanto a las mastodónticas centrales azucareras y petrolíferas americanas, como al gobierno intervencionista en nombre de la «libertad» y «autodeterminación de los pueblos» y el desenmascaramiento de estas falsas banderas ideológicas; pero debe ridiculizar y combatir la pretensión castrista de haber realizado una «revolución social» y, peor aún, de haber construido una «república socialista» de punta en blanco con la bendición, por añadidura de la otra intriga mundial personalizada en el Kremlin.

En la creación y difusión de este mito, que por lo demás, acarrea agua al molino de los burgueses radicalizantes, a los que predican la posibilidad de la «revolución social» sin partido de clase, y por tanto sin marxismo, contribuyen no sólo, como es lógico, los estalinistas-kruchovíanos, representantes de comercio para la venta de regímenes populares inter-clasistas, bautizados como progresistas, e incluso como socialistas, sino también de los «nacional-comunistas» a la Tito y aquellos que, para desgracia del gran revolucionario llamado León, se auto proclaman trotskistas.

Socialismos prefabricados
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Sin embargo, más que de las declaraciones, incluso muy recientes, de Castro y sus padrinos del Kremlin, el rostro de la «revolución» cubana aparece muy claro por las cosas que admiten precisamente estos grupos criptoestalinistas. En un numero de diciembre de 1959, la revista francesa «Cahiers lnternationaux» (Cuadernos Internacionales) definía con mucha satisfacción la «revolución» castrista como sigue:
«
Una revolución que en el periodo histórico actual, es respetuosa con la propiedad privada, no pretende romper los cuadros del capitalismo nacional (más bien se tratarla de desarrollarlo), sino del capitalismo financiero monopolista extranjero; una revolución que puede seguir una vía pacifica en el cuadro de la legalidad constitucional»;
y en el n° de febrero de 1961, por tanto, hace pocos meses:
«
La revolución cubana ha nacido bella y engalanada»¿La «solidaridad y la devoción de su pueblo, el aislamiento, el fracaso político y la abyección moral de sus adversarios, han salvado al país del caos administrativo y de las turbulencias económicas que habrían podido producírse por una larga y destructiva guerra civil [¡Estos, sobre todo, maldicen la guerra civil y sus «riesgos»!]».

El respeto de la propiedad privada ha vuelto después al centro de las declaraciones y de los actos de gobierno del gran Barbudo, incluso después de los clamorosos acontecimientos que han mostrado a los yanquis ignominiosamente golpeados; por otro lado el movimiento castrista comenzó a aparecer revolucionario al Pentágono y a la Casa Blanca, que le habían visto como un mal menor por su oposición contra el corrupto régimen de Batista, sólo el día en que violó los sagrados derechos de propiedad de algunos ciudadanos americanos y le acabó relegando al mundo de los réprobas cuando, ante las retorsiones yanquis, se mostró predispuesto a aliarse con el bloque soviético, almeno en el campo comercial y en las maniobras diplomáticas; ni le faltaron las bendiciones iniciales de los obispos católicos, ni le faltaron aún las proclamaciones de simpatía filo-barbudas de economistas y sociólogos americanos, algo muy distinto a lo que mantienen hacia el marxismo, los críticos hasta de la ideología (si se puede llamar así) stalinista-kruchoviana, como Sweezy y otros [...]. Veremos más adelante cual será la realidad de la transformación económica iniciada por Castro: por ahora, lo dicho más arriba basta para desmentir el carácter... socialista.

Libertad made in USA
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Conviene recordar, sin prejuicio del estudio más profundo ya programado en nuestra Organización, los puntos fundamentales de la evolución económica de la isla, tras la independencia obtenida en 1898 de España, luego de la intervención de los USA y con la derrota del ejército español bajo el doble ataque de las barras y estrellas y de los patriotas indígenas (guerra hispano-americana de 1898).

Es desde 1898 cuando para Cuba como para gran parte de los países latinoamericanos, se pueden aplicar las palabras de Lenin en El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo:
«
Características de la época actual no solamente son los dos principales grupos de países, poseedores de colonias y países colonizados, sino también las distintas formas de países dependientes, que nominalmente gozan de independencia política, pero en realidad están prisioneros en las redes de una independencia financiera y diplomática. Ya hemos indicado una de estas formas: las semicolonias. He aquí otra de la que Argentina nos ofrece el modelo... América del Sur, sobre todo Argentina, se encuentra de hecho en condiciones de dependencia financiera de Londres, tales que se podría casi llamarla una colonia comercial de los ingleses» (frase de Schulze-Gravernitz citada por Lenín).
Del mismo modo, podríamos decir que Cuba era, desde 1898, una dependencia comercial de los USA, los mismos que le habían concedido la... independencia política.

La intervención de las tropas yanquis tuvo lugar, tengase bien en cuenta, cuando la revuelta cubana ya había derrotado a los españoles; sin embargo, desembarcados en La Habana, los estadounidenses se quedaron por la fuerza durante cuatro años, y ya en 1901 las convenciones estipuladas entre los dos gobiernos acordaban un régimen preferencial para las mercancías y para los capitales norteamericanos importados por la isla, y concesiones y precios especiales para las tierras. Además Cuba renunciaba al derecho (¡que independencia política!) a firmar tratados comerciales o contraer empréstitos con otro país que no fuera Estados Unidos. El resultado es claro: en 1929 las inversiones USA en Cuba alcanzaban en torno a los mil millones de dólares (en 1958, todavía 850 millones de dólares); en el mismo año las exportaciones cubanas aun estaban dirigidas en un 70% a los USA, y el 65% de las importaciones cubanas eran de origen estadounidense, mientras que la cifra de 850 millones alcanzada en 1958 por los Estados Unidos era la más importante de las exportaciones de capitales americanos a todo el mundo (programas militares a parte).

Además, entre 1901 y 1933, el 90% de las tierras cultivables pasaban bajo las garras de las sociedades yanquis, a través de alquileres a largo plazo, y el resto estaba hipotecado en favor de los bancos o de los acreedores de USA. Contemporáneamente, la industria del azúcar, la del tabaco (la segunda en importancia), todos los bancos, los ferrocarriles, los transportes urbanos, las centrales hidroeléctricas, correos y otros servicios públicos, los recursos petrolíferos y los minerales, estaban sometidos al control o la propiedad directa de las grandes compañías imperialistas yanquis.

En 1958, Cuba cosechaba unos 5,8 millones de toneladas de azúcar de caña, o sea el 90% de la producción mundial y la casi totalidad de la cosecha comercial. En 1895-1900, la producción de caña apenas era de un millón de toneladas; pero subía a 5 millones en 1925 bajo el «impulso» de los capitales estadounidenses; al mismo tiempo el suelo consagrado a las grandes plantaciones de azúcar alcanzaba el 70% de las tierras cultivables, y la mano de obra empleada en ella constituía el 50% del total de la fuerza de trabajo. Las exportaciones de azúcar refinado representaban el 80% del valor de las exportaciones totales, 40 centrales azucareras de capital yanqui trataban aproximadamente la mitad de la cosecha, los propietarios cubanos de ciento veinte ingenios, establecimientos azucareros menores, se repartían el resto de la capacidad productiva.

Como ya es conocido, el dominio del capital financiero americano ha significado la exasperación del fenómeno del monocultivo, o sea, del destino de la enorme mayoría de la superficie agrícola al cultivo de una sola o de muy pocas plantas industriales (caña de azúcar, y en parte tabaco), con el consiguiente agravamiento de la concentración de la propiedad privada de la tierra, expropiación y empobrecimiento del pequeño campesino, y una vulnerabilidad cada vez mayor de la economía indígena en las crisis (dependencia de las vicisitudes del mercado mundial) y en las carestías, tanto es así, que Cuba esta considerada uno de los mayores centros de la «geografía del hambre», baste decir que el arroz, cultivado en otra época a gran escala, y elemento vital de la alimentación indígena, ahora ya debía ser casi totalmente importado por un valor de 20 millones de dólares al año. Dependencia económica y política, fragilidad de las estructuras productivas, proletarización, miseria y hambres crónicas, y, sobre esta base, 1 sucesión de gobiernos ultra corruptos, representando conjuntamente los intereses del gran capital extranjero y de la propiedad terrateniente aristocrática cubana: este es el balance de 60 años de «independencia» bajo el paraguas protector de la piratería yanqui.

Un basto proletariado y semiproletariado
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Víctima de un capitalismo anormal, insertado en un régimen semi-esclavista de grandes propietarios terratenientes, había surgido en Cuba un basto proletariado y semi-proletariado explotadísimo, en condiciones de espantosa indigencia.

Sobre una población activa de unos dos millones de individuos, un millón y medio estaba y está constituida por asalariados puros, de los que 800.000 son agrícolas; las clases medias formadas por empresarios, artesanos y profesiones liberales no contaban con más de medio millón de unidades. Al peso del contingente proletario se unía la urbanización: de 6,2 millones de habitantes, Cuba tenía almenos un tercio concentrado en 9 ciudades, de las que la capital, La Habana, agrupa a casi 1,2 millones que van tirando, como pueden, en los márgenes del puerto, con las refinerías, con el turismo, con el pequeño comercio aleatorio (y si es necesario del contrabando), además de con los «servicios» requeridos por las naves extranjeras y por la base de la flota estadounidense de Guantánamo. De la sola industria azucarera dependen unos 500.000 obreros agrícolas, que sin embargo trabajan solo cuatro meses al año, en el momento de la recolección: el paro crónico alcanza en el «tiempo muerto» estacional el 1 5-20%. Gracias también a la importación de las tradiciones anarcosindicalistas españolas, la rápida destrucción capitalista de la economía indígena provocó el reagrupamiento de los asalariados en organizaciones sindicales; más de un tercio de los proletarios agrícolas cubanos están de hecho sindicados. Solo algunos negros y los «guajiros» (de los que volveremos a hablar) rechazan la afiliación.

Es fácil comprender que potencial revolucionario constituyó una masa tal de sin reservas: pero cuando las masas obreras y campesinas cayeron sobre La Habana manifestándose contra el gobierno de Batista, el «movimiento del 26 de julio» (llamado así en memoria del golpe de mano de una banda de 200 partidarios de Fidel Castro, intentado por primera vez en Santiago en aquel día de 1953) ya está preparado para ofrecerles la integración en un gobierno de Frente Popular con objetivos puramente burgueses de democracia e independencia nacional, sostenidos por elementos radicales, estudiantes, intelectuales, y pequeños y medianos burgueses agrícolas y urbanos. Era necesario «evitar el caos», o sea, impedir que las masas proletarias salieran del albeo de la legalidad: así se nos encaminó hacia el... socialismo.

Los guajiros
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Los guajiros son los descendientes de los primeros colonos españoles que no recibieron lotes de tierra suficientes para vivir y prosperar. En la mayor parte de los casos analfabetos, propietarios miserables o arrendatarios medieros, están ahora agrupados en asociaciones creadas por los «revolucionarios» cubanos, y por consiguiente, tienen voz preponderante no solo en las decisiones referentes a la reforma agraria, sino también en la elección de los cultivos a sustituir por los cultivos industriales del azúcar, del tabaco, etc. Su actitud en esta materia está inspirada por la voluntad de escapar a la proletarización a que les condena, a causa de su progresivo endeudamiento, la concentración de la propiedad de la tierra, etc.

Se trata pues de un elemento de lo más retrógrado, porque, con el pretexto de la necesaria diversificación de los cultivos, orientan la reforma agraria hacia la extrema parcelación. Ahora bien, es cierto que era necesario arrancarle Cuba a la monstruosa servidumbre del monocultivo; pero el despedazamiento del suelo en minúsculos pañuelos privados es un ideal claramente pequeño-burgués y anti-proletario, que pesa sobre el desenvolvimiento del movimiento indígena.

El castrismo
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Detenido después del intento de julio de 1953, Fidel Castro se defendió durante e1 proceso basándose en la constitución de 1940, que reconocía el derecho a la rebelión, y reclamándose al papel fundamental de las revoluciones burguesas en Francia y América del norte. Políticamente su programa se apoyaba en la restauración de las libertades civiles y de la democracia política, y, como en el estilo de todas las revueltas de Sudamérica, sobre la liquidación del «fascismo». En el plano económico reivindicaba la atribución de la tierra a los pequeños cultivadores, la no-hipotecabilidad y la no-transferibilidad de la propiedad de la tierra, la nacionalización de los servicios públicos y la restitución al pueblo de las tasas telefónicas o telegráficas indebidamente percibidas. En cuanto a los trabajadores, pedía que se les concediese una participación de un 30% en los beneficios de todas las empresas industriales, minerales y comerciales, comprendidas las centrales azucareras.

Llegado al poder en marzo de 1959, ¿que objetivos debería perseguir y con que ritmo? En un país de América central en el que desde 1930, imperan dictaduras policíacas; en el que la misma burguesía nacional es débil y en el que la misma base rebelde estaba constituida por campesinos sin tierra, en el que una parte de las pequeñas empresas comerciales e industriales esta arruinada por la enorme concentración financiera USA, el primer acto consiste en reducir los arriendos, disminuir los precios de los productos alimentarios, aumentar los salarios más bajos, y afrontar el crónico problema del paro. En el plano agrario, la tierra está en parte dividida en pequeños lotes asignados a las familias de los arrendatarios, mientras que en las regiones en las que se cultiva la caña de azúcar se instituyen cooperativas de producción - una especie de Koljoces de nuevo modelo, en los cuales sin embargo (ha observado «L'Expreso») los trabajadores reciben una compensación no en dinero sino en bonos utilizables, en los comercios del INRA (Instituto Agrario Italiano) y la gestión de hecho no es «democrática», ¡que será de ellos!.

Pero el simple hecho de introducir estas medidas equivale, en el paraíso de las inversiones americanas, a coger del pecho a los Estados Unidos. Se asiste pues, pasado el estadio de las amenazas, a medidas de retorsión del gobierno de Washington, al cual el nuevo gobierno puede responder con una eficacia muy distinta que Guatemala u otras repúblicas que se revelaron contra los USA, porque al contrario de esas, ha «engalanada» preventivamente su revolución presentándose con los trazos garibaldianos de un movimiento populachero y encerrando a las masas proletarias en el nudo corredizo de un campesinado que reclama la tierra, o, para decirlo con los «Cuadernos Internacionales»:
«
La estabilidad en el empleo, condiciones más humanas de trabajo, y salarios equitativos».
En respuesta a los primeros ataques americanos, en los primeros meses de 1960, el gobierno castrista procede en primer lugar colocando bajo control las propiedades extranjeras y en especial estadounidenses, luego a nacionalizarlas, comenzando por las refinerías de petróleo controladas por sociedades americanas que rechazan refinar el petróleo de procedencia rusa, y acabando con los Ingenios azucareros. En mayo de 1960, de los 1,62 millones de hectáreas consagradas a la caña de azúcar, en torno a un millón pasan bajo el control gubernativo: en tomo a la mitad permanecerán reservadas al monocultivo de la caña de azúcar, el resto se destinará a otros productos.

De los 400.000 fondos controlados por el poder central, la gestión gubernamental directa intervendrá en 230.000: la expropiación pura y simple no afecta más que al 10% de total sometido a investigación. En la sola adquisición de 35.000 fondos han sido desembolsados unos 8 millones de dólares, de los que 3/4 han sido bonos del tesoro a veinte años (valor basado en el impuesto de la tierra que grava lotes individuales): pero en general las expropiaciones no han golpeado más que a los propietarios reos de haber sostenido a Batista, los fondos en los que se habían registrado conflictos de trabajo recientemente, y los monopolios yanquis. Hasta ahora solo las compañías mineras, siempre de capital USA, no han sido tocadas. Es conocido, además (y ha sido repetido oficialmente en los últimos días), que la «reforma agraria» solo toca a las propiedades de más de 400 hectáreas, y por consiguiente, es todavía más blanda que la realizada por Nasser, sin contar que deja intactas las empresas de una eficacia especial.

El gobierno ha comenzado finalmente un programa intensivo de industrialización; problema urgente en todas las repúblicas latinoamericanas, caracterizadas por un desarrollo anormal y lleno de los desequilibrios de la economía capitalista, que desarrolla una sola o poquisimas ramas de la industria ligadas a la explotación de los recursos naturales, sacrificando o ahogando a los otros; y agravado por la existencia de una fuerte desocupación total o parcial. Pero planes similares pueden realizarse en el cuadro de una «revolución» radical-burguésa, solo con la «ayuda», todo lo contrario que «gratuita», de la finanza extranjera. He aquí, pues, que frente al pavoroso aumento de la deuda extranjera al ritmo de 50 millones de dólares al año (en el momento de la fuga de Batista la deuda era de 1500 millones de $) y al acumularse los stock invendidos de azúcar (un millón de toneladas para la sola cosecha de 1959), el gobierno acoge como bienvenidos primero a los adquiriéntes neutrales luego a los rusos, chinos y demopopulares: Moscú compra en un primer momento 170.000 toneladas de azúcar y en un segundo 345.000. Que baza (Castro abraza a Kruchov en la ONU),¡pero a que precio!. Mientras que los USA garantizaban efectivamente la adquisición de 3 millones de toneladas de azúcar al precio de 5 centavos la libra, los amigos rusos consienten gentilmente adquirir sus partidas un poco por encima del curso internacional, ¡entre tanto a caldo a 3,2 centavos la libra!. Lo demás es historia reciente, pero el violento choque armado con USA y la proclamación bufona de «la república socialista» en nada ha cambiado la estructura del régimen interclasista, democrático-radical y nacionalestatalista.

El stalin-kruchovismo
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Se nos podrá preguntar que papel haya jugado, en este escenario, el partido comunista cubano. Nacido en la provincia del Oriente en 1919, el PC fue ilegalizado poco después por el primer dictador instalado por los USA, Machado. Devuelto a la legalidad mientras en Rusia triunfa el estalinismo, convertido en agencia local de la política exterior soviética, se lanzó a aventuras del tipo de las del PC chino. Después de la llegada de Hitler al poder, y el lanzamiento de la política antifascista de Stalin, se asiste al reconocimiento de la URSS por parte de los Estados Unidos roosveltizados, y uno de los primeros servicios ofrecidos como cambio por el Tío José - Stalin - a Franklin Delano es el compromiso de poner fin a la agitación revolucionaría en Cuba, entonces en pleno desarrollo.

Los trabajadores habían ocupado algunas fábricas y habían sido proclamados soviets locales: Moscú no solo los ignora, sino que en nombre de la política de no-intervención, saboteo estos esfuerzos de un proletariado heroico, pera aislado. En los años que preceden a la segunda guerra mundial, especialmente 1938, para seguir la linea del Frente Popular el Plenario del comité central del partido decide, sin rodeos:
«
de adoptar hacia el coronel Batista una actitud positiva, porque ha dejado de ser el centro de la reacción y ahora profisa la democracia» Cortesía por cortesía, Batista legaliza al PC cubano.

Durante 6 años (1938-44) y hasta el lanzamiento de la caza de brujas en Estados Unidos y el inicio de la guerra fría, el PC no duda en colaborar con los distintos gobiernos-fantoches formados por Batista, y en coaliciones electorales formadas por Estados Unidos. Parece que se hubiera servido de su influencia en los sindicatos incluso para impedirles pasar a la acción, o para someterles al control gubernamental. Sea como fuese, jamás los «comunistas» aportaron el más mínimo apoyo al «Movimiento del 26 de Julio»; al contrario, reinando Batista, no dudaron en atacarlo como.., un movimiento fascista. Hoy, único partido extra gubernamental, cuya actividad viene reconocida y, desde 1944, bajo el nombre de «Partido Socialista Popular», los estalinistas-kruchovianos reafirman el apoyo a los objetivos de Fidel Castro, proclamando que las medidas introducidas por este último «conducen al socialismo», aún más, ¡ya lo han conseguido!.

¿Pero y mañana?
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El próximo futuro pondrá a prueba no tanto la capacidad del régimen castrista de resistir las presiones norteamericanas y a las vicisitudes de la «coexistencia pacífica» - cosa de la que es lícito dudar - cuanto a la posibilidad de la clase obrera para extraer de la política de industrialización intensiva y de las tensiones sociales, que irán derivándose, el impulso hacia una lucha general y frontal contra aquellos que, pasada la borrachera populachera y patriótica actual, deberán necesariamente presentarse, en las ciudades y en los campos, como los nuevos patronos.

En Cuba, como en la Argelia de mañana, será el proletariado indígena el que domine la escena. Una vez más, el aprendiz de brujo ya no conseguirá aprisionar las fuerzas que queriendo o sin querer ha desencadenado. ¡Caerá entonces el mito del «socialismo» concedido desde arriba, compatible con la propiedad privada, la producción mercantil y el salario!.

Source: «Internationalist Papers», number 8, spring/summer 1999

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