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RESCATEMOS LA HUELGA COMO ARMA DE LUCHA DE LA CLASE OBRERA
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Content:

Rescatemos la huelga como arma de lucha de la clase obrera
Algunas notas de Lenin sobre las huelgas
La legalidad mata la huelga y deja a los trabajadores desarmados ante el patrón
El derecho a huelga en las leyes venezolanas
Algunos casos de 1998
La regulación de las huelgas
Nada nuevo bajo el sol
Contra el derecho a huelga y todo argumento constitucional
Rescatemos las formas de organización y lucha de la clase obrera: organicemos el sindicato de clase!!
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Rescatemos la huelga como arma de lucha de la clase obrera
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La legalidad mata la huelga y deja a los trabajadores desarmados ante el patrón. Esta afirmación, que nace del balance de la experiencia histórica de los trabajadores asalariados, la hemos divulgado con insistencia en nuestra propaganda y lo seguiremos haciendo.

Durante lo que va del año 2001 hay algunos conflictos obreros que confirman, igual que ayer, esta afirmación. Vimos las huelgas de los trabajadores de PDVSA y SIDOR, en las que se viene notando la alianza traidora entre patronos y sindicaleros, que vienen vendiendo la postergación de las discusiones de los Contratos Colectivos a cambio de bonos fraccionados. El objetivo ha sido claro: bajar los costos de producción para la empresa. En SIDOR el sindicato (SUTISS) aceptó 2.100.000 bolívares por trabajador (pagadero en 3 partes), la mitad de cuyo monto la empresa lo cubrirá con los salarios que no canceló durante la «huelga» y el resto con el conjunto de ahorros en insumos y servicios. Con la «huelga» el sindicato le echó una «ayudita» al patrón. Y el objetivo principal, el motivo que dio origen al conflicto, no se logró: no se inició de inmediato la discusión del Contrato Colectivo, sino que SE POSTERGO POR UN AÑO.

La «huelga» de SIDOR fue un teatro, montado por MATANCERO-CAUSA R, fue una burla contra los trabajadores.

Otro conflicto importante fue el de los trabajadores tribunalicios. Allí, la Dirección Nacional de SUONTRAT hizo todo lo que pudo por evitar que los trabajadores iniciaran la huelga. Pero, luego que los trabajadores iniciaron el conflicto, se encargaron de velar por el cumplimiento de los servicios mínimos y por demostrar que se mantenían dentro de la ley, a la espera del mejor momento para entregar el conflicto sin alcanzar ninguna conquista reivindicativa.

Todos estos conflictos han tenido en común la presencia de dirigentes traidores y el apego a la legalidad por parte del sindicato. Solo con excepciones, algunos núcleos de trabajadores de la base, se enfrentaron a las posiciones traidoras y patronales de los sindicaleros. Todavía está fresca la experiencia de los trabajadores de la Compañía Anónima Energía Eléctrica de Barquisimeto (ENELBAR), en la que el sindicato no solo no fue capaz de conducir una huelga sin servicios mínimos, sino que desde el principio traicionaron a los trabajadores.

Los trabajadores, al momento de lanzarse a la lucha no deben caer en la provocación del patrón y los sindicaleros, de debatir sobre si la huelga es legal o ilegal. Para los trabajadores lo importante es tener claro si la huelga es justa, si las reivindicaciones planteadas son las correctas y si el sindicato ha asumido todos los preparativos organizativos y logísticos para lanzarse a la confrontación con el patrón en las mejores condiciones.

Ahora quieren vender a los trabajadores la táctica de la postergación de las discusiones de los contratos colectivos a cambio de bonos. Esta táctica traidora debe ser enfrentada por los trabajadores, porque forma parte de las maniobras del patrón para reducir sus costos.

A los sindicaleros de SUTISS el patrón les sacó en cara el Acta de Servicios Mínimos firmada por éstos en junio de 1998. A los trabajadores tribunalicios, de ENELBAR, de PEQUIVEN, de PDVSA, y otros, el patrón les presentó el articulado de la Constitución y la Ley del Trabajo, que obliga a los trabajadores a cumplir servicios mínimos. Y aunque algunos núcleos de trabajadores reaccionaron ante estas maniobras de patronos y sindicaleros, logrando incluso por momentos y localmente, imprimir cierto «contenido de clase» a sus conflictos, tuvo más fuerza el oportunismo.

La huelga avisada al patrón y que cumple con los servicios mínimos es la ANTI-HUELGA, y es la base de las derrotas de la clase obrera en sus confrontaciones con los patronos.

Hoy más que nunca, es preciso que los trabajadores retomen la HUELGA como arma en la lucha de clase contra el capital. La clarificación de los asalariados sobre éste y otros temas es nuestra tarea; la tarea del PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL.

Por eso, mientras diferentes factores políticos del oportunismo llaman a los trabajadores a unirse en torno a fórmulas vacías (levantadas sobre el discurso demagógico de la «democracia sindical») que solo persiguen la sumatoria de votos para alcanzar el control burocrático de las directivas sindicales; el Partido Comunista Internacional llama a la unidad del proletariado en torno al programa de transformación revolucionaria de la sociedad y al rescate de las formas clasistas de organización y lucha de los trabajadores.

Reiteramos nuestro llamado a los hombres y mujeres que integran las filas del proletariado, a adherirse a nuestro partido y a trabajar colectivamente por el fortalecimiento y ampliación de la propaganda revolucionaria entre la clase obrera.

Algunas notas de Lenin sobre las huelgas
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La huelga es la paralización total de la producción y de las operaciones de diferente índole que desarrollan una o varias empresas capitalistas, a consecuencia de declararse los trabajadores en paro, es decir, de negarse a cumplir con su jornada de trabajo.

Aunque hoy los oportunistas han llegado a plantear que las huelgas ya no tienen sentido para el movimiento sindical y que incluso resultan contraproducentes para los asalariados, la historia ha confirmado todo lo contrario. Cada avance alcanzado por los trabajadores tanto en sus luchas por reivindicaciones inmediatas, como en la lucha política de toda la clase obrera contra toda la clase burguesa, ha tenido en la acción huelgaria una forma de lucha principalícima. Hoy, al igual que ayer, solo el rescate de la huelga, como forma de lucha de la clase obrera, le permitirá a los trabajadores avanzar reivindicativa y políticamente.

En un trabajo escrito por Lenin a fines de 1899 y publicado por primera vez en 1924, en la revista «Proletársaia Revolutsia», se hace una exposición sobre las huelgas y vamos a permitirnos presentar amplias citas de éste. Veamos:
«
¿Por qué la gran producción fabril conduce siempre a las huelgas? Porque el capitalismo lleva necesariamente a la lucha de los obreros contra los patronos, y cuando la producción se realiza en gran escala, esa lucha se convierte necesariamente en lucha huelguística».
«...
entre patronos y obreros existe una lucha constante por el salario: el patrono tiene libertad para contratar al obrero que le venga en gana, por lo cual busca el más barato. El obrero tiene libertad para alquilarse al patrono que quiera, y busca el más caro, el que pague más. Trabaje en el campo o en la ciudad, alquile sus brazos a un terrateniente, a un campesino rico, a un contratista o a un fabricante, el obrero siempre regatea con el patrono, lucha contra él por el salario».
«
¿Pero puede sostener esta lucha por sí solo? Cada vez es mayor el número de obreros: los campesinos se arruinan y emigran a las aldeas de las ciudades y a las fábricas. Los terratenientes y los fabricantes introducen máquinas, que dejan sin trabajo a los obreros. En las ciudades aumentan sin cesar el número de desocupados y en las aldeas el de gente reducida a la miseria; la existencia de un pueblo hambriento hace que bajen cada vez más los salarios. Al obrero le resulta imposible luchar él solo contra el patrono. Si exige mejor salario o no acepta la rebaja del mismo, el patrono contestará: vete a otra parte, son muchos los hambrientos que esperan a la puerta de la fábrica y estarán contentos de trabajar aunque sea por un salario bajo».

Para no llegar a verse reducidos a la más extrema miseria,
«...
los obreros inician la lucha más porfiada. Como advierten que cada uno de ellos por sí solo nada puede, y que pende sobre él la amenaza de perecer bajo el yugo del capital, los obreros empiezan a alzarse juntos contra sus patronos. Comienzan las huelgas obreras. Al principio es frecuente que los obreros no tengan ni siquiera una idea clara de lo que tratan de conseguir, no comprenden por qué actúan así: simplemente rompen las máquinas y destruyen las fábricas. Lo único que desean es dar a conocer a los patronos su indignación, prueban sus fuerzas mancomunadas para salir de una situación insoportable, sin saber aún por qué su situación es tan desesperada y cuales deben ser sus aspiraciones».
«
En todos los países, la indignación de los obreros comenzó con disturbios aislados, con motines, como los llaman en nuestro país la policía y los patronos. En todos los países, los disturbios dieron lugar, por un lado, a huelgas más o menos pacíficas y, por otro, a una lucha multilateral de la clase obrera por su emancipación».
«
¿Cual es la significación de las huelgas (o paros) en la lucha de la clase obrera? Para responder a esta pregunta debemos tener primero una visión más amplia de las huelgas. Si el salario del obrero se determina -como hemos explicado- por un convenio entre el patrón y el obrero, y si cada obrero por sí solo es en todo sentido impotente, resulta claro que los obreros deben necesariamente defender juntos sus reivindicaciones, recurrir a las huelgas para impedir que los patronos rebajen el salario o para lograr un salario más alto. Y, en efecto, no existe país capitalista alguno en el que no estallen huelgas obreras. En todos los países europeos y en América, los obreros se sienten impotentes cuando actúan individualmente; sólo pueden oponer resistencia a los patronos si están unidos, bien declarándose en huelga, bien amenazando con ella. Y cuanto más se desarrolla el capitalismo, cuanto mayor es la rapidez con que crecen las grandes fábricas, cuanto más son desplazados los pequeños capitalistas por los grandes, más imperiosa es la necesidad de una resistencia conjunta de los obreros, porque se agrava la desocupación, se agudiza la competencia entre los capitalistas, que tratan de producir las mercancías lo más baratas posible (para lo cual es preciso pagar a los obreros lo menos posible), y se acentúan las oscilaciones de la industria y las crisis. Cuando la industria prospera, los patronos obtienen grandes beneficios y no piensan en compartirlos con los obreros; pero durante las crisis tratan de cargar las pérdidas sobre los obreros...».
«
Pero las huelgas, que son determinadas por la naturaleza misma de la sociedad capitalista, significan el comienzo de la lucha de la clase obrera contra esa estructura de la sociedad. Cuando con los potentados capitalistas se enfrentan obreros desposeídos que actúan individualmente, ello equivale a la total esclavización de los obreros. Pero cuando estos obreros desposeídos se unen, la cosa cambia. No hay riquezas que puedan reportar provecho a los capitalistas, si éstos no encuentran obreros dispuestos a trabajar con los instrumentos y los materiales de los capitalistas, y a producir nuevas riquezas. Cuando los obreros se enfrentan individualmente con los patronos, siguen siendo verdaderos esclavos, que trabajan siempre para un extraño por un pedazo de pan, como asalariados siempre sumisos y silenciosos. Pero cuando proclaman juntos sus reivindicaciones y se niegan a someterse a quien tiene la bolsa de oro, entonces dejan de ser esclavos, se convierten en hombres y comienzan a exigir que su trabajo no sólo sirva para enriquecer a un puñado de parásitos, sino que permita a los trabajadores vivir como seres humanos. Los esclavos comienzan a presentar la reivindicación de convertirse en dueños: trabajar y vivir, no como quieran los terratenientes y los capitalistas, sino como quieran los propios trabajadores. Las huelgas infunden siempre tal espanto a los capitalistas porque comienzan a hacer vacilar su dominio. «Todas las ruedas se detienen, si así lo quiere tu brazo vigoroso», dice sobre la clase obrera una canción de los obreros alemanes. En efecto: las fábricas, las fincas de los terratenientes, las máquinas, los ferrocarriles, etc., etc., son, por decirlo así, ruedas de un enorme mecanismo: este mecanismo suministra distintos productos, los elabora, los distribuye adonde es menester. Todo este mecanismo lo mueve el obrero, que cultiva la tierra, extrae el mineral, elabora las mercancías en las fábricas, construye casas, talleres y líneas férreas. Cuando, los obreros se niegan a trabajar, todo este mecanismo amenaza con paralizarse... Cada huelga recuerda a los obreros que su situación no es desesperada y que no están solos. Véase que enorme influencia ejerce una huelga, tanto sobre los huelguistas como sobre los obreros de las fábricas vecinas o próximas, o de las fábricas de la misma rama de industria. En tiempos normales, pacíficos, el obrero arrastra en silencio su carga, no discute con el patrono ni reflexiona sobre su situación. Durante una huelga, proclama en voz alta sus reivindicaciones, recuerda al patrono todos los atropellos de que ha sido víctima, proclama sus derechos, no piensa en sí solo ni en su salario exclusivamente, sino que piensa también en todos sus camaradas, que han abandonado el trabajo junto con él y que defienden la causa obrera sin temor a las privaciones. Toda huelga acarrea al obrero gran número de privaciones, terribles privaciones, que sólo pueden compararse con las calamidades de la guerra: hambre en la familia, pérdida del salario, a menudo detenciones, expulsión de la ciudad donde vivía y trabajaba. Y a pesar de todas estas calamidades, los obreros desprecian a quienes abandonan a sus camaradas y entran en componendas con el patrono. A pesar de las calamidades de la huelga, los obreros de las fábricas vecinas sienten entusiasmo cuando ven que sus camaradas han iniciado la lucha. «Los hombres que resisten tales calamidades para quebrar la oposición de un burgués, sabrán quebrar también la fuerza de toda la burguesía», decía un gran maestro del socialismo, Engels, hablando de las huelgas de los obreros ingleses. Con frecuencia, basta que se declare en huelga una fábrica para que inmediatamente comience una serie de huelgas en otras muchas fábricas.¡Tan grande es la influencia moral de las huelgas, tan contagiosa es la influencia que sobre los obreros ejerce el ver a sus camaradas que, aunque sólo sea temporalmente, se convierten de esclavos en personas con los mismos derechos que los ricos! Toda huelga infunde con enorme fuerza, a los obreros, la idea del socialismo: la idea de la lucha de toda la clase obrera por su emancipación del yugo del capital. Es muy frecuente que, antes de una gran huelga, los obreros de una fábrica o de una industria o una ciudad cualquiera no conozcan casi el socialismo ni piensen en él, pero que después de la huelga se extiendan cada vez más entre ellos los círculos y las asociaciones, y sean más y más los obreros que se hacen socialistas».

A esta altura de la cita queremos reafirmar el pavor que siente la burguesía ante las huelgas; porque entienden que las huelgas contienen un germen subversivo mucho más potente que cualquier movimiento guerrillero o terrorista. Es precisamente por esto que la burguesía siempre reprimió cualquier conato de huelga, aún tratándose de acciones aisladas y protagonizadas por núcleos pequeños de trabajadores. La represión contra las huelgas se complementó con el tiempo con el desarrollo de una legalidad que reconocía el «derecho a huelga», pero que con este reconocimiento la castraba y, en la práctica, la negaba. Este fue un proceso histórico que se dio paralelo al proceso de legalización de los sindicatos y su absorción y subordinación por parte del Estado Burgués.

«La huelga enseña a los obreros a comprender cuál es la fuerza de los patronos y cual la de los obreros: enseña a pensar, no sólo en su patrono ni en sus camaradas más próximos, sino en todos los patronos, en toda la clase capitalista y en toda la clase obrera. Cuando un patrono que ha amasado millones a costa del trabajo de varias generaciones de obreros, no accede al más modesto aumento del salario e inclusive intenta reducirlo todavía más si los obreros ofrecen resistencia, arroja a la calle a miles de familias hambrientas, entonces resulta claro para los obreros que toda la clase capitalista es enemiga de toda la clase obrera, y que los obreros pueden confiar sólo en sí mismos y en su acción unida. Ocurre muy a menudo que un patrono trata de engañar a todo trance a los obreros, de presentarse ante ellos como un bienhechor, de encubrir la explotación de sus obreros con una dádiva cualquiera, con cualquier promesa falaz. Cada huelga destruye siempre de golpe este engaño, mostrando a los obreros que su «bienhechor» es un lobo con piel de cordero».
«
Pero la huelga, además, abre los ojos a los obreros, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas, sino también en lo que respecta al gobierno y a las leyes. Del mismo modo que los patronos se esfuerzan por aparecer como bienhechores de los obreros, así también los funcionarios y sus lacayos se esfuerzan por convencer a los obreros de que el zar y el gobierno zarista se preocupan de los patronos y de los obreros por igual, con espíritu de justicia. El obrero no conoce las leyes y no se codea con los funcionarios, en particular con los altos, por lo que frecuentemente da crédito a todo esto. Pero estalla una huelga, se presentan en la fábrica el fiscal, el inspector fabril, la policía y a menudo las tropas, y entonces los obreros se enteran de que han violado la ley:¡la ley permite a los fabricantes reunirse y discutir abiertamente cómo reducir el salario de los obreros, mientras que estos son tildados de delincuentes por reunirse y tratar de ponerse de acuerdo! Desalojan a los obreros de sus viviendas, la policía cierra las tiendas en que podrían adquirir comestibles a crédito y se intenta azuzar a los soldados contra los obreros, inclusive cuando estos mantienen una actitud serena y pacífica. Se llega a dar a los soldados la orden de abrir fuego contra los obreros, y cuando matan a trabajadores indefensos aplicándoles la ley de fuga, el propio zar manifiesta su gratitud a las tropas (así lo hizo con los soldados que mataron a huelguistas en 1895, en Iaroslavl)*. Para todo obrero resulta claro que el gobierno zarista es su enemigo jurado, que defiende a los capitalistas y maniata a los obreros. Comienza a comprender que las leyes se dictan en beneficio exclusivo de los ricos, que también los funcionarios defienden los intereses de los ricos... Un ministro alemán del Interior, que adquirió fama por su enconada persecución contra los socialistas y los obreros concientes, declaró no sin motivo, en una ocasión,...: «Tras cada huelga asoma la hidra (monstruo) de la revolución»».

Lenin explica que en cada huelga crece y se desarrolla en los obreros la conciencia de que el gobierno es su enemigo, y de que la clase obrera debe prepararse para luchar contra él, como representante de la burguesía y de cada patrono ante el cual los obreros reclaman reivindicaciones.

«Así, pues, las huelgas enseñan a los obreros a unirse, les hacen ver que sólo unidos pueden sostener la lucha contra los capitalistas, les enseñan a pensar en la lucha de toda la clase obrera contra toda la clase patronal y contra el gobierno autocrático y policíaco. Por eso, los socialistas llaman a las huelgas «escuela de guerra», escuela en la que los obreros aprenden a librar la guerra contra sus enemigos por la emancipación de todo el pueblo, de todos los trabajadores, del yugo de los funcionarios y del yugo del capital».
«
Pero la «escuela de guerra» no es la guerra misma. Cuando las huelgas se difunden, algunos obreros (y algunos socialistas) comienzan a pensar que la clase obrera puede limitarse a las huelgas y a las cajas o sociedades de resistencia, que las huelgas por sí solas pueden procurar una gran mejora de su situación y aún su emancipación. Cuando ven la fuerza que representan la unión de los obreros y aún sus pequeñas huelgas, algunos piensan que a la clase obrera le basta con declarar la huelga general en todo el país para conseguir de los capitalistas y del gobierno todo lo que quieran. Esta opinión la expresaron también los obreros de otros países cuando el movimiento obrero estaba en su etapa inicial y los obreros contaban aún con muy poca experiencia. Pero esta opinión es errónea. Las huelgas son uno de los medios de lucha de la clase obrera por su emancipación, pero no el único, y si los obreros no prestan atención a otros medios de lucha, demoran el desarrollo y los éxitos de la clase obrera. En efecto, para que las huelgas tengan éxito son necesarias las cajas de resistencia, a fin de mantener a los obreros mientras dure el conflicto. Los obreros (por lo común los de cada industria, cada oficio o cada taller) organizan estas cajas en todos los países, pero en Rusia esto es muy difícil, porque la policía las persigue, se apodera del dinero y detiene a los obreros. Naturalmente, los obreros saben resguardarse de la policía; por supuesto, la organización de estas cajas es útil, y no queremos disuadir a los obreros de que se ocupen de esto. Pero no se debe confiar en que, estando prohibidas por la ley, las cajas obreras puedan atraer a muchos contribuyentes; y mientras el número de cotizantes sea escaso dichas cajas no reportarán gran utilidad. Además, aún en los países en que existen libremente las asociaciones obreras, y en los que son muy fuertes las cajas, aún en ellos la clase obrera de ningún modo puede limitarse en su lucha a las huelgas. Basta con que sobrevengan dificultades en la industria (una crisis, como la que, por ejemplo, se acerca ahora en Rusia), para que los patronos provoquen en forma premeditada las huelgas, porque a veces les conviene suspender temporalmente el trabajo, les resulta provechoso que las cajas obreras agoten sus fondos. De ahí que los obreros no puedan, en modo alguno, circunscribirse a las huelgas y a las sociedades de resistencia. En segundo lugar, las huelgas sólo pueden tener éxito cuando los obreros poseen ya suficiente conciencia, cuando saber elegir el momento para declararlas y presentar reivindicaciones, cuando mantienen contacto con los socialistas y reciben de ellos volantes y folletos. Pero hay todavía pocos obreros así en Rusia, y es necesario orientar todos los esfuerzos a aumentar su número, hacer conocer la causa obrera a las masas obreras, esclarecerlos sobre el socialismo y la lucha obrera. Esta es la misión que deben asumir los socialistas y los obreros conscientes, organizando para ello el partido obrero socialista. En tercer lugar, las huelgas muestran a los obreros, como hemos visto, que el gobierno es su enemigo y que es preciso luchar contra él... Como ya hemos dicho, esta lucha solo puede llevarla a cabo el partido obrero socialista, difundiendo entre los obreros las ideas justas sobre el gobierno y sobre la causa obrera... De las huelgas aisladas los obreros pueden y deben pasar, y pasan realmente en todos los países, a la lucha de toda la clase obrera por la emancipación de todos los trabajadores. Cuando todos los obreros conscientes se convierten en socialistas, es decir, cuando tienden a esta emancipación, cuando se unen en todo el país para difundir entre los obreros el socialismo y enseñarles todos los medios de lucha contra sus enemigos, cuando organizan el partido obrero socialista, que lucha por liberar a todo el pueblo de la opresión del gobierno y por emancipar a todos los trabajadores del yugo del capital, sólo entonces la clase obrera se incorpora plenamente al gran movimiento de los obreros de todos los países, que agrupa a todos los obreros y enarbola en alto la bandera roja en la que están inscritas estas palabras: «¡Proletarios de todos los países, uníos!»».

La izquierda italiana y luego el Partido Comunista Internacional, van a remachar los clavos comunistas, reafirmando que el partido es un órgano que no puede ser suplantado por organismos intermedios como los sindicatos o por híbridos como los consejos obreros. La revolución no es una cuestión de forma de organización. Y esto quedó demostrado en la práctica con la degeneración de los «sindicalistas revolucionarios» y los «consejistas», que terminaron reproduciendo y conservando la impronta de la fisiología de la sociedad actual. Los programas de quienes pretendieron negar la organización en partido proletario terminaron remozando al capitalismo. En el marco de esta desviación, la consigna de la huelga general perdió en la práctica todo contenido revolucionario. La huelga general es una acción revolucionaria en la medida en que es dirigida por el partido proletario, que combina diferentes formas de lucha en su accionar político. Accionar político ya codificado históricamente, contrario a toda desviación tacticista y coherente con la estrategia, el programa y la teoría marxista.

La legalidad mata la huelga y deja a los trabajadores desarmados ante el patrón
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El Paro Petrolero de 48 horas, que se cumplió durante los días 27 y 28 de marzo y que fue convocado por Fedepetrol, nos parece útil para tratar el tema del «derecho a huelga», figura del derecho constitucional en torno a la cual se unen patronos, gobierno y sindicaleros.

No nos vamos a distraer en este trabajo en el vergonzoso papel cumplido por FEDEPETROL, que convoca a una huelga y luego, sin ninguna conquista reivindicativa, se retira con el rabo entre las piernas apenas el gobierno declaró ilegal la huelga petrolera y una vez que se dieron cuenta que los trabajadores estaban participando y la acción se podía radicalizar y salírsele de su control.

Tampoco vamos a profundizar en el desenmascaramiento de la condición patronal de FETRAHIDROCARBUROS, SINTRAIP y la nueva ANASINTRAPET, que apostaron al diálogo a puerta cerrada con los patronos, ya que con su alto sentido patriótico (el sentido patriótico es el mismo sentido patronal), prefirieron mantener el diálogo y la paz laboral; hasta el punto que Nicolás Maduro, Diputado emeverrista y líder de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores, terminara afirmando que ellos han «... logrado desmantelar más de 100 conflictos que este año han intentado montar en distintos sectores. Y en el petrolero, que ha sido el de mayor magnitud, denunciamos las maniobras sindicales desde el comienzo, y estamos tratando de resolver el conflicto a través del diálogo» (El Nacional, 02/04/2001) y enfrentando el «saboteo a toda la actividad económica del país» organizado por la oposición.

Sobre esto lo único que le decimos a los trabajadores petroleros es que, en las luchas que se avecinan tienen que contar dentro de sus enemigos no sólo al patrón y al gobierno, sino a los directivos de estas cuatro organizaciones sindicales, porque son voceros de la burguesía, porque están vendidos al patrón. La lucha por el control de los sindicatos petroleros y de la CTV, es una lucha entre diferentes agentes del patrón.

Los trabajadores petroleros (y los trabajadores en general) deberán iniciar un proceso de organización, dando fuerza a sus asambleas y rescatando, fuera de la Ley, sus genuinas formas de lucha, para lo cual tendrán necesariamente que organizarse en un Sindicato de Clase.

El derecho a huelga en las leyes venezolanas
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Luego de realizada la Asamblea Nacional Constituyente, quedó ratificado el «derecho a huelga», con las normativas que establezca la Ley.

En Venezuela la CTV auspició la reforma de la Ley del Trabajo de manera abierta, con lo cual le salió al paso a cualquier intentona de los trabajadores de retomar los métodos de lucha de clase. Luego de la victoria electoral de Hugo Chavez y de realizada una Asamblea Nacional Constituyente, la burguesía se prepara para volver a reformar la Ley del Trabajo y perfeccionar con esto sus mecanismos de control sobre los trabajadores, siempre bajo el discurso del respeto a la libertad sindical y al derecho a huelga.

El derecho a huelga establecido en la Constitución, y su normativa establecida por la Ley del Trabajo, tiene como objetivo impedir que los trabajadores impongan sus reivindicaciones por la fuerza y, por tanto, los dejan desarmados y sometidos al poder de la burguesía y su Estado. La burguesía logra este objetivo en la medida en que los asalariados son mantenidos por el sindicato dentro del marco de los procedimientos legales. Cuando los trabajadores se unen y vencen sus temores y no se dejan confundir por los «asesores laborales» y los leguleyos, entonces la huelga es capaz de canalizar las verdaderas energías de lucha de la clase obrera, que, de lo contrario, se verían limitadas y reprimidas por las leyes.

La Ley establece un procedimiento de negociación y conciliación previa, con prohibición expresa de paralización de actividades; lo que generalmente se lleva un tiempo bastante prolongado en perjuicio de los trabajadores. Mientras tanto está presente la violación (por parte del Patrón) de cualquier reivindicación firmada con anterioridad, llámese Contrato Colectivo, Convención o como sea.

Una vez agotada esta vía, los trabajadores son llevados a iniciar el camino del «Pliego Conflictivo», con repetición del cuento anterior de las reuniones conciliatorias, pero ahora dentro de un ambiente «conflictivo»; todo esto sobre la base de un procedimiento legal por ante el Ministerio del Trabajo. El Ministerio del Trabajo le comunica al Patrón que los trabajadores han introducido un «Pliego Conflictivo» y comienza un nuevo período de reuniones.

Durante este proceso pudiera suceder (y es perfectamente legal) que el Patrón presente objeciones, como las que se adujeron en el caso de los trabajadores tribunalicios en 1998, cuando se les exigió a los sindicatos la presentación de pruebas que demostraran que estaban acreditados como representantes de la mayoría absoluta de los trabajadores. Una acción de este tipo por parte del Patrón le permite ganar una buena cantidad de tiempo y consume las energías de los sindicatos.

Por otro lado, la Ley establece que en las reuniones conciliatorias (las previas y las posteriores a la introducción del «Pliego Conflictivo»), los sindicatos deben incorporar dos representantes. Por supuesto que la Ley no contempla la confrontación directa entre el Patrón y los trabajadores en asamblea. Y, por supuesto, teniendo el control de los dos directivos sindicales, los patronos tienen legalmente el control de cualquier conato de conflicto

Una vez cumplidas las famosas 120 horas (que en muchos casos se convierten en 200, 300 o más, a ver si es posible que en el último momento se concilie), se declara la huelga. Pero¡ Ojo que la cosa no es tan sencilla!. La Ley Orgánica del Trabajo obliga a los sindicatos (Art. 498) a seguir trabajando en las áreas que los patronos y el Estado consideren vitales e indispensables (Servicios Mínimos). Con esto han conseguido desvirtuar la esencia de la huelga. De esta manera, con las áreas vitales de la empresa funcionando (legalizando con esto el esquirolaje), una pequeña fracción de los trabajadores realiza protestas y algo de alboroto en los medios de comunicación, pero no presionan a nadie.

Los trabajadores están perdidos desde el mismo momento en que se dejan introducir dentro de los laberintos de las leyes burguesas y de su «derecho a huelga». La «huelga» que cumple con todos los requisitos de la ley es la anti-huelga y es la negación de la acción directa (es decir, sin intermediarios legalmente elegidos entre proletariado y burguesía) de los trabajadores y de su confrontación contra el patrón.

La Ley tiene previstas las medidas para los trabajadores que no cumplan con estos pasos: el decreto de reanudación de faena. El Ministerio del Trabajo o el Consejo de Ministros, declaran la huelga como ilegal y proceden a decretar la «reanudación de faena», que no es otra cosa que la forzada reincorporación de los trabajadores a sus puestos de trabajo, so pena de ser despedidos en masa. La otra opción que brinda la Ley es que una vez aplicado el decreto de reanudación de faena, los sindicatos pueden optar por solicitar el arbitraje voluntario, que no es otra cosa que alejar definitivamente a los trabajadores de la discusión de sus reivindicaciones, poniendo ahora su representación en manos de personas (tres) que ni siquiera son trabajadores.

Algunos casos de 1998
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1998 fue un año en el que se presentaron un conjunto de conflictos precisamente protagonizados por trabajadores tribunalicios, así como del sector salud y de educación. Por supuesto que en todos estos conflictos el Estado Burgués contó con un aliado incondicional: la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), que fue una pieza clave en el funcionamiento de la Comisión Tripartita, que le ganó reconocimientos al gobierno venezolano por parte de los gobiernos de todo el mundo. Todos los conflictos de trabajadores fueron conducidos hacia esta comisión, en la que gobierno, FEDECAMARAS y CTV llegaron a acuerdos en función de un sólo interés: el de mantener las ganancias de los explotadores del trabajo asalariado.

Mencionaremos solo dos episodios anti-huelgarios que se presentaron ese año y como la legalidad mató las energías de la lucha reivindicativa de los trabajadores.

Por un lado se presentó la huelga de los trabajadores de PEQUIVEN, que se inició el jueves 2 de julio y ya el miércoles 8 de julio el gobierno decretó «reanudación de faena» a los trabajadores del sector petroquímico, lo que los obligaba a reincorporarse al trabajo el viernes 10. Según la Ley el gobierno puede decretar la reanudación de faena de trabajadores en conflicto y la reincorporación al trabajo debe producirse dentro de las 24 horas siguientes a la publicación del decreto. «Con este tipo de decretos, el gobierno ordena además la creación de una comisión de arbitraje para que ponga a las partes de acuerdo en la solución del conflicto» (LA CALLE, 10/07/98). Carlos Ortega, Presidente de FEDEPETROL, declaró para ese entonces: «Por supuesto, siempre hemos sido respetuosos de las leyes en el país y acatamos la decisión del Ejecutivo Nacional de reanudación de faena». Si los trabajadores no hubieran acatado el decreto, el gobierno burgués y los patronos podían proceder a despedir legalmente a los trabajadores en conflicto. Y todo esto sucedió con una «huelga» que cumplió con los servicios mínimos, que no se realizó en todas las instalaciones de PEQUIVEN en el país y que, como siempre, no pretendió extenderse hacia otros núcleos de asalariados.

Por otro lado, el Ministerio del Trabajo dictaminó la ilegalidad de la paralización por 16 horas de las actividades de la Siderurgica del Orinoco (SIDOR), dispuesta por el sindicato, por no haberse cumplido el requisito previo de acordar entre empresa y sindicato los equipos y servicios que debían mantenerse en operación. La decisión del gobierno se basó en el artículo 498 de la Ley Orgánica del Trabajo, que condiciona la declaración de una huelga al acuerdo mencionado anteriormente. Es decir, la Ley obliga al establecimiento de servicios mínimos, con lo cual la «huelga» ya no golpea al patrón y, por lo tanto, ya no tiene sentido en esas condiciones.

Pero pese a estas armas legales el gobierno burgués para ese entonces, consideraba necesario un reglamento para regular (¡¡aún más!!) las huelgas.

La regulación de las huelgas
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Por lo general en Venezuela las huelgas son declaradas ilegales. Recientemente, durante 1998, se dio en Venezuela un debate sobre la necesidad de un «reglamento para regular las huelgas en sectores salud, educación y justicia» (LA CALLE, 10/07/98). Dicho debate fue promovido por el gobierno de Rafael Caldera y presentado ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El gobierno de Caldera, que fue elogiado a nivel internacional por la aplicación efectiva de las comisiones tripartitas, tomó en cuenta para promover este reglamento nada más y nada menos que las experiencias de España y México. Según María Bernardoni de Govea, quien era Ministra del Trabajo para ese entonces, «si nosotros logramos ese acuerdo en el cual se estipule que la educación, la justicia y la salud son servicios que no son susceptibles de paralización, a menos que se trate de casos muy extraordinarios en los cuales no haya otro remedio que respetar el derecho a huelga de los trabajadores, el reglamento nos dará los mecanismos que permitan una conciliación y una mediación por mucho más tiempo, porque nuestra Ley del Trabajo lo que establece son apenas 120 horas, después que se introdujo el Pliego Conflictivo, para poder mediar» (LA CALLE, 10/07/98). La propuesta del gobierno para entonces era fijar un mes de mediación (luego de introducido el pliego conflictivo), antes de que un gremio inicie una huelga.

Nada nuevo bajo el sol
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Todo este enfoque ha sido reafirmado por el gobierno bolivariano y patriótico que hoy lava la cara de la Democracia Burguesa. Y el Paro convocado por FEDEPETROL ha sido de gran utilidad en el sentido de que ha permitido que las posiciones queden expresadas con bastante nitidez.

Cuando un representante del Ejército reprimía una de las protestas de los trabajadores petroleros en Zulia (el miércoles 28 de marzo de 2001), afirmaba que «los trabajadores tienen derecho a manifestar, pero la ciudadanía tiene el derecho a transitar libremente por la vía pública y a tener acceso al combustible». Pero sería el mismo presidente Chavez quien, al día siguiente, en transmisión en cadena en todos los medios de comunicación, desarrolló con amplitud la defensa del derecho a la huelga. Según Chavez toda huelga debe cumplir con unos pasos legales y fue por el incumplimiento de estos pasos que el Consejo de Ministros realizado el miércoles 27 declaró ilegal la huelga convocada por FEDEPETROL. Incluso anunció que en el Zulia se había detenido a 40 trabajadores y se les había puesto en libertad no sin antes hacerles firmar una caución donde cada uno de ellos se comprometía a no promover huelgas ilegales. La burguesía en todo el mundo, proclama su Estado de Derecho y lo presenta en un pedazo de papel que llaman Constitución. Y en todo el mundo la burguesía, a través de los gobiernos que administran sus intereses, le dice a los trabajadores: «hagan huelgas legales, es decir, anti-huelgas, huelgas que no detengan el proceso productivo y que garanticen la preservación de la empresa». Es decir, los trabajadores tienen derecho a huelga siempre y cuando no afecten la explotación capitalista del trabajo asalariado. Este planteamiento burgués queda resumido por el Ministro de la Defensa, José Vicente Rangel: «toda violación de la Ley tiene una respuesta Legal». La respuesta represiva es la respuesta prevista por la Ley, ante la acción de los trabajadores petroleros y de todos los trabajadores que asuman los métodos de la lucha de clase y/o se salten los procedimientos contemplados en la Ley...

Una muestra del cerco legal que la burguesía ha venido imponiendo a los trabajadores se consigue en las disposiciones de diferentes Códigos Penales en todo el mundo. En el caso de Venezuela, recientemente la Asamblea Nacional aprobó una reforma del Código Penal que establece hasta 5 años de carcel para aquellos sindicalistas que promuevan huelgas ilegales. La reforma es una copia textual del Código Penal colombiano que ya se ha aplicado contra dirigentes sindicales en Colombia.

El viernes 30, en otro acto público, el presidente Chavez «... fue categórico al afirmar que el gobierno no aceptará que grupos pequeños de 50, 100 trabajadores, «manipulados por sindicaleros adecos», cierren vías, fomenten el desorden y causen trastornos a toda una comunidad; y en ese sentido apuntó que ha dado órdenes a las autoridades militares para que actúen contra los grupos anárquicos que violen la Ley, primero a través de por lo menos 2 advertencias verbales, pero a la tercera «tirarles una bomba lacrimógena, porque no podemos permitir que unos 20 afecten a la mayoría» (El Nacional, 31/03/2001). Por supuesto que en estos casos la burguesía siempre pone en el tapete los supuestos derechos de las mayorías y la opinión pública. Pero esos «derechos de las mayorías» y esa «opinión pública» no son otra cosa que los derechos y la opinión de la burguesía. El otro elemento que se usa es el chantaje político que justifica la represión acusando a cualquier núcleo de trabajadores en conflicto de «manipulados por dirigentes adecos».

Contra el derecho a huelga y todo argumento constitucional
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Los falsos dirigentes obreros de hoy no chismorrean de otra cosa más que de legalidad. Por eso los trabajadores deben desconfiar de todo dirigente sindical que abogue por el respeto a la ley. El derecho y la legalidad pertenecen siempre a la clase social que tiene la fuerza para imponerlo. Los sindicaleros se apegan a la Ley porque son agentes del patrón y su papel es garantizar la paz laboral, como lo han ratificado recientemente, en sus cínicas declaraciones, tanto los dirigentes de FEDEPETROL como los de FETRAHIDROCARBUROS, SINTRAIP y ANASINTRAPET.

Los asalariados deben dar la espalda al derecho a huelga y orinarse sobre las leyes y las constituciones proclamadas por la burguesía, aunque surjan de democráticas formulas como las Asambleas Constituyentes. La clase obrera venezolana y mundial seguirá siendo derrotada y traicionada si no consigue sacar su batalla fuera de las malolientes oficinas del sistema judicial y del Ministerio del Trabajo, si no rechaza a todo magistrado soberano y toda justicia que no sea la que se forjará con sus propias manos. Los asalariados deben declarar la guerra contra y fuera de la «Constitución Bolivariana de Venezuela», ese pedazo de papel que, como un «contrato social» pretende ocultar la fuerza, la violencia y la dictadura por medio de la cual la burguesía ejerce su dominación y garantiza que su economía y sus empresas funcionen sin alteraciones a la paz laboral.

Rescatemos las formas de organización y lucha de la clase obrera: organicemos el sindicato de clase!!
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A través de las diferentes Constituciones Nacionales y de las diferentes leyes del trabajo se ha ido cercando a la clase obrera para impedir que confronte con eficacia al patrón en sus luchas reivindicativas. El derecho a Huelga, por ejemplo, consagrado en diferentes constituciones, es la negación de la huelga como forma de lucha de los asalariados. Por eso, defender la huelga como un derecho, es defender toda la legalidad burguesa que impide a los trabajadores utilizar todas sus fuerzas para arrancar reivindicaciones económicas a los capitalistas.

La única alternativa es que la clase obrera, asimilando su rica experiencia histórica, organice los sindicatos de clase. El sindicalismo de clase busca y tiende a organizar en su seno a los(as) trabajadores(as) dispuestos(as) a defender los intereses colectivos frente al patrón y al estado, a través de los movimientos y de las luchas organizadas, independientemente del color de su piel o de la nacionalidad.

El sindicalismo de clase basa su actividad reivindicativa y las denuncias de su propaganda en el choque irreconciliable de intereses materiales que se produce cotidianamente entre el trabajo asalariado y el capital. Entre la clase proletaria y la clase empresarial. Como finalidad histórica, el sindicalismo de clase, plantea y propaga la necesidad de la revolución social que destruya el sistema económico, político y social basado en la esclavitud del trabajo asalariado, aboliendo el trabajo asalariado mismo y las demás categorías que ayudan a sustentarlo. De allí que no puede cumplir un papel de consecuente instrumento de lucha de los asalariados un sindicato que en sus estatutos se declare defensor del sistema democrático, de la patria y de la economía nacional, pues con estos postulados se autoliquida como instrumento de lucha y se somete inexorablemente al patrón y al Estado.

El sindicalismo de clase se distingue del sindicalismo reformista, en que éste, no sólo no cuestiona la existencia del sistema de esclavitud del trabajo asalariado, sino que en este sistema también encuadra y somete su actividad reivindicativa según marchen los negocios patronales. Si la empresa obtiene pérdidas, o una tasa (%) de ganancias baja, comparada con otras empresas, el sindicalismo reformista firma, o acuerda sin firmar, los sacrificios obreros que requiera para sanear la empresa, sometiendo los intereses obreros a los del patrón y a los de la economía nacional. Es así como firman despidos en masa, cierres de empresas, reducciones salariales, aumentos de ritmos y tareas, pérdidas de derechos sociales adquiridos, etc.; el sindicalismos de la CTV-CUTV-CGT-CODESA, o el naciente sindicalismo bolivariano, es el sindicalismo burgués, el sindicalismo patronal, el sindicalismo de los futuros ministros y parlamentarios de los gobiernos capitalistas.

En toda la historia sindical pasada se llamaba AMARILLO a cualquier sindicato que aceptase dinero del patrón o del estado, porque así perdía su independencia política para defender a los trabajadores asalariados. Un sindicalismo que no rechaza por principio gobernar o ayudar a gobernar, es un sindicalismo amarillo y pro-empresarial.

Mientras perdure el sistema de esclavitud del trabajo asalariado, teorizar o practicar la cogestión, la gestión o la autogestión de las empresas por parte del sindicato o de los trabajadores, no es más que dedicarse a administrar la empresa capitalista. En el mejor de los casos, se consigue erigir a los trabajadores asalariados en pequeños accionistas, en pequeños rentistas (como ocurrió en el caso de la CANTV). Se cae en las redes del viejo reformismo que trata de transformar a los proletarios en ilusorios propietarios, que trabajarán más y cobrarán menos para sanear y hacer más potente a la empresa, al capital, al monstruo sin rostro que domina y explota a los trabajadores asalariados.

El sindicalismo de clase debe denunciar y combatir esas tendencias burguesas (sindicales o políticas) en el movimiento obrero, no conviviendo ni pactando acciones puntuales con ellas, sino manteniendo siempre la independencia en la propaganda y en la acción.

La unidad sindical que hoy promueve el gobierno burgués de Hugo Chavez solo persigue aumentar el control y la desmovilización de los trabajadores, para garantizarle a la burguesía la paz social necesaria para facilitar la explotación de los trabajadores y garantizar el sostenimiento de su dictadura de clase. La ganancia de los capitalistas surge de una parte de fuerza de trabajo no pagada al trabajador y que el burgués se apropia. Ese trabajo no pagado (que se apropia el capitalista) es la plusvalía. Esa plusvalía es alta en la medida en que el patrón paga bajos salarios, en la medida en que elimina reivindicaciones (como el comisariato de los petroleros), en la medida en que alarga la jornada de trabajo o en la medida en que la intensifica (poniendo a un trabajador a realizar el trabajo de 2 y de 3). Eso es lo que está pasando en España, en Italia, en Rusia, en EEUU, en Cuba, en China, en Venezuela, en todo el mundo de hoy. La burguesía desarrolla políticas que facilitan y aumentan la explotación de los trabajadores en todo el mundo. En Venezuela el Chavismo cumple con estos planes, mientras le promete a las mayorías empobrecidas una tercera vía, que no existe. De hecho, mientras los oportunistas impulsan la Asamblea Constituyente de Trabajadores y la reestructuración sindical, avanzan los despidos en la CANTV, PDVSA, etc.

Por todo esto, los trabajadores están llamados a reaccionar multiplicando sus luchas reivindicativas. Sin embargo, los trabajadores deben estar claros que para avanzar en sus luchas deberán quitarse de encima a todos estos chupa sangre reaccionarios y oportunistas que hoy se disputan la dirección de la CTV o de una supuesta Central Unica.

Los trabajadores industriales, del sector comercio y servicios y del sector agrícola, tienen por delante la tarea de expulsar a los dirigentes patronales de los sindicatos. En consecuencia la lucha debe orientarse hacia la organización de SINDICATOS DE CLASE, que deben ser organismos abiertos a todos los trabajadores, capaces de luchar no solo por reivindicaciones en una sola empresa, sino por reivindicaciones de todos los trabajadores. En este sentido, todo movimiento de acción sindical de los trabajadores debe basarse en la siguiente línea de acción:
Los medios de acción de los sindicatos no deben basarse en la política y las alianzas parlamentarias. Así mismo, los sindicatos de clase deben mantenerse al margen de la llamada «Asamblea Constituyente de los Trabajadores», pues esta tiene como objetivo amarrar al movimiento obrero y su organización sindical, a los intereses de la patria y de la economía nacional, que no son otros que los intereses del Estado Burgués y de los capitalistas.

La huelga es el principal instrumento de presión de la clase obrera tanto para oponerse al empeoramiento como para conseguir mejoras en el capitalismo. Podemos constatar que durante la huelga se hace efectiva la abolición de la competencia entre los trabajadores asalariados y que reina el compañerismo.

Un movimiento clasista debe luchar por propagar y expandir la huelga a todas las empresas y a todos los sectores, y en el futuro, a todos los países, no encerrándose en los muros del centro de trabajo o del sector.

Las huelgas que se sometan a la legislación vigente en cada momento y en cada país ya nacen castradas, e impotentes para defender de un modo efectivo los intereses de los trabajadores. Los servicios mínimos son el esquirolaje legalizado, quien lo acepta está ahogando la huelga. Por eso se debe ser muy insistente en: a) Tender a romper con los límites legales en el uso de la huelga y la manifestación. Esto implica Huelga sin Pre-aviso; b) Rechazar totalmente los servicios mínimos al momento de lanzarse a una huelga, y c) Extender tendencialmente la agitación, la propaganda y la huelga a las demás empresas o sectores, a través de grandes piquetes informativos.

El movimiento sindical clasista no puede existir sin practicar la ACCION DIRECTA. Es decir, debe oponerse a todo tipo de arbitrajes, o de comisiones paritarias (como las tripartitas) con o sin árbitro, en las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo asalariado, entre el sindicato de clase y el patrón, ya sean agentes directos del gobierno burgués o los llamados «hombres buenos» o «notables», porque las comisiones paritarias y árbitros sólo tienen por objetivo maniatar a los trabajadores, haciéndoles creer que las instituciones burguesas están por encima de los intereses de las clases.

Propagar y defender el aumento lineal de los salarios. Así se consigue que no continúe creciendo la diferencia de los que ganan más con los que ganan menos, como sucede con los aumentos porcentuales. En este sentido los trabajadores deben unirse hoy por la exigencia de un salario mínimo de 700.000 Bs. mensuales y por un aumento lineal de 100.000 Bs. mensuales para los que ganen más de ese salario.

Así mismo, propagar y defender la necesidad de eliminar las primas y los pluses a la producción, a la puntualidad, al transporte, a la alimentación, al vestido, etc., exigiendo que todos los pluses o primas o bonos pasen a formar parte del salario base directamente. Denunciando las horas extras y los destajos a la vez que se propaga y se propone la lucha por un salario suficiente.

Propagar y defender la necesidad de la reducción drástica de la jornada de trabajo, sin reducción de salarios. Llamando a luchar por las 30 horas semanales. Así podrían apoyar los activos la reducción efectiva de la masa de desempleados. Esta exigencia debe complementarse con el reclamo de la jubilación a los 55 años con pago de 100 % del salario devengado, aumento del Seguro de Paro Forzoso a un monto mínimo de 700.000 Bs. mensuales, eliminación del trabajo a destajo, paso de los contratados a fijos en las empresas, eliminación de las jornadas extras, etc. Esta es la única forma de recuperar, momentáneamente, parte del trabajo no pagado que se apropia el patrón y de mitigar los efectos del desempleo.

Todo movimiento sindical debe organizar su fondo pro-huelga que le permita a los trabajadores afrontar en mejores condiciones fuertes períodos de lucha. Las finanzas deben ser controladas directamente por los trabajadores sin injerencia del patrón ni del Estado.

Organizar asambleas, reuniones, encuentros y talleres de trabajo, donde asistan trabajadores de diferentes ramas, incluyendo los desempleados. En estas reuniones se deben intercambiar experiencias, hacer balances políticos de las luchas y acordar acciones de solidaridad con compañeros en conflicto. Los trabajadores, para convocar o desconvocar una huelga, deben proponer, defender y cuando sea posible imponer las votaciones a mano alzada. Con este método, todos los trabajadores se ven las caras. Todos saben lo que propone cada quien. De este modo se hace presión sobre los indecisos a la hora de convocar o desconvocar la huelga. Se conoce a los esquiroles desde el primer día. Es así como el movimiento organizado puede saber con quien puede contar y con quien no.

Los directivos del Sindicato ONTRAT (Trabajadores Tribunalicios) son un ejemplo de como los sindicaleros al servicio del patrón evitan la realización de asambleas para convocar o desconvocar a la huelga y se esconden tras la figura de los referendums, por medio de los cuales más de una vez han apagado el fuego y han salvado al patrón de la presión huelgaria de los trabajadores. De esa misma calaña son los dirigentes que adversan hoy al sindicalismo tradicional de la CTV.

Por lo tanto, debemos oponernos y rechazar el voto secreto y los referendums al estilo de la democracia burguesa, ya que estos métodos sólo sirven para proteger y enmascarar a los esquiroles, a los dirigentes vacilantes, a los agentes del patrón.

El tipo de propaganda, la petición de solidaridad de los núcleos de proletarios en huelga debe estar enfocada y dirigida no a los ciudadanos en general, sino a los demás obreros; no al pueblo en general, sino a la clase obrera. Hacer los llamamientos de solidaridad como clase al resto de la propia clase. Si nos dirigimos al usuario en lugar de al proletario estamos desclasando a los trabajadores asalariados no implicados directamente en las huelgas.

La propaganda se dirige a los(as) trabajadores(as) que van a cumplir la condena diaria que nos impone nuestra condición de esclavos modernos en la empresa-carcel capitalista, sabiendo que estamos condenados a cadena perpetua, y que en el capitalismo, solo la lotería puede cambiarle a algunos la suerte de explotados. Sabiendo que vamos a la empresa para que nos curtan cada día un poco de nuestra piel, pero sabiendo también que si no lo hacemos nos morimos de hambre, sabiendo que vamos obligados por la disciplina que impone el hambre a los sin-propiedad, a los desheredados de la sociedad capitalista.

Las comisiones negociadoras son los portavoces de las decisiones tomadas en las asambleas del sindicato de clase y el movimiento huelguístico organizado, siendo elegibles y revocables todos sus miembros en todo momento.

La información y la propaganda de un núcleo de la clase obrera en lucha, tanto en huelgas como en cualquier otra acción reivindicativa de la clase obrera, debe realizarse directa y exclusivamente por los organismos que convocan la huelga o lucha en cuestión. Esta tarea de gran importancia político-social no puede y no debe dejarse en manos de los medios de comunicación.

El sindicato de la clase obrera responde a las subidas del transporte o de los demás servicios o productos de primera necesidad proponiendo no sólo una protesta con la subida de precios, sino la reivindicación general de aumentos salariales, no haciendo huelgas de hambre, o un simple boicot de 24-48 horas a los mercados, al transporte, etc., como propone siempre la pequeña burguesía. Porque si los precios suben, sólo los combatiremos eficazmente movilizándonos por aumentos de salarios, pensiones, subsidio de paro, etc., y no con el simple engaño del boicot por el boicot, ya que ayer o mañana compré o compraré lo que no compro hoy, día de boicot.

La reivindicación de la salud pública y gratuita para todos los trabajadores y sus familias, el sindicato de la clase obrera debe incluirla en todas las tablas reivindicativas de los convenios. Dentro de esta área queda contemplada la lucha por la higiene y seguridad en el trabajo. Aprovechando este tipo de problemas para politizar a los trabajadores y generalizar el descontento y el odio hacia las instituciones burguesas. Defendiendo la salud pública y gratuita para nuestra clase, y el aumento de los impuestos que se necesiten, que recaiga sobre los beneficios y las fortunas de los burgueses. Campañas para defender las Pensiones Públicas, denunciando los fondos privados de pensiones como otro engaño y otro atraco contra la clase obrera. Reivindicando la subida de las pensiones en la lucha por los convenios. Defensa de la enseñanza pública y gratuita. El rechazo al pago de matrículas o «colaboraciones» en las Escuelas, y el aumento de los impuestos que se necesiten para que estas funcionen, que recaiga también sobre los beneficios y las fortunas de los burgueses. Todo ello ligado y supeditado a la lucha de los trabajadores de la enseñanza, de la sanidad, etc., por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, no cargándoles con los costos de las reformas o reconversiones, o apoyando los aumentos de productividad como hacen los sindicatos oficiales (allí está el caso de PROSALUD en el gobierno regional de Yaracuy). Todas estas reivindicaciones (y otras de la misma naturaleza) deben ser asumidas, deben formar parte de las denuncias y de las luchas cotidianas del sindicato de la clase obrera. No como algo especial, o como un movimiento a parte de las otras reivindicaciones, sino como otros tantos engarces para unir a los trabajadores de las distintas empresas y de los diversos sectores en el movimiento reivindicativo y de lucha general.

Es en torno a este enfoque de la lucha económica y sindical que se debe impulsar, por la base, la unidad del movimiento de los trabajadores venezolanos y de todo el mundo. A los(as) trabajadores(as) críticos(as) y a los activistas sindicales no comprometidos con el viejo y el nuevo oportunismo, les llamamos a combatir desde ya el sindicalismo reformista y patronal y a impulsar, cada vez que sea posible, los métodos de lucha y organización de la clase obrera. Este combate, que no será breve, deberá conducir a la reanudación de la lucha de clases, condición indispensable para el surgimiento y consolidación de verdaderos sindicatos de clase.

La historia ha confirmado que estas tareas tendrán una realización victoriosa en la medida en que el Partido Comunista Internacional tome la dirección del proletariado y de sus organizaciones económicas. Llamamos a todos los trabajadores y trabajadoras críticas y combativas a adherirse al Partido Comunista Internacional, a realizar propaganda revolucionaria y a trabajar por la reanudación de la lucha de clase, hacia el derrocamiento del capitalismo y la instauración de la Dictadura del Proletariado, única vía para acabar con la apropiación privada de los productos del trabajo asociado y con los resortes que la impulsan (el trabajo asalariado, el mercado y la moneda).

Por eso, igual que ayer decimos:

¡Proletarios del mundo, uníos!

ECHEMOS A UN LADO EL DERECHO A HUELGA Y TODA LA LEGISLACION BURGUESA!!

UNIDAD DE TODA LA CLASE OBRERA CONTRA TODA LA CLASE BURGUESA!!

POR LAS HUELGAS SIN PREAVISO, SIN SERVICIOS MINIMOS Y POR SU EXTENSION A TODOS LOS TRABAJADORES!!

PARTIDO COMUNISTA INTERNACIONAL

Source: «Programa Comunista», Nr. 11, Noviembre de 2001

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